|
LA TRAMA UMMO
Bajo el título de UMMO se esconde el más
importante fraude ufológico ocurrido en España promovido por José Luis Jordán
Peña (colaborador de los servicios de inteligencia españoles),
como han demostrado las investigaciones realizadas por Enrique De Vicente,
Javier Sierra, Juan José Montero y Carlos Berché, que acabaron desenmascarando
al instigador de una operación cuyos fines no están aún aclarados. ¿Qué encierra esta
trama? ¿La realización de unos estudios psicológicos inconfesables por parte
del autor o alguna oscura operación conspiranoica promovida por los servicios
secretos españoles? ¿Puede esta última hipótesis explicar por qué estuvo en
“funcionamiento” la operación durante más de 25 años ofreciendo
materiales y descubrimientos tecnológicos que no estaban al alcance de
cualquiera? Lo cierto y verdad es que José Luis
Jordán Peña acabó confesando su participación en los hechos, aunque nunca
confesó quiénes fueron las otras personas que le ayudaron en la operación. Resumir más de 25 años en unos pocos párrafos
resulta tarea harto difícil, más careciendo del don de la escritura y no
siendo un experto en el
tema. Espero que el resultado final sea comprensible y dé una idea de lo
ocurrido, aunque no del todo cerrado, en el tema de los UMMITAS. Fue
en 1954 cuando a un curioso personaje, Fernando Sesma Manzano, se le encarga
escribir una serie de capítulos dedicados a platillos volantes en el diario de
Madrid. Los artículos le llevaron a entrar en contacto con muchas
personas interesadas por la nueva “ciencia” de los extraterrestres. Esas
charlas, donde Sesma hablaba sobre los visitantes estelares, atrajo a un
reducido número de curiosos entre los que se encontraban Alfonso Paso o Buero
Vallejo. Las charlas se fueron animando y empezaron a tener lugar en
el sótano del café Lión, conocido como “La Ballena Alegre”. Y es allí,
en aquel ambiente, donde nace el auténtico contactismo español.
Será en ese preciso momento, en el que más interés
despertaba el tema ufológico en importantes personajes de la cultura española,
cuando el periódico El Alcázar, bajo el título “Marte pone en Madrid su
primera piedra”, relate la historia de Alberto San Martín Comes, enfermero de la
residencia las Flores, quien, mientras daba un paseo por la ciudad
universitaria, el 17 de Noviembre de 1954, por culpa de un dolor de muelas que
no le dejaba dormir, contempló cómo un ser alto y de aspecto angelical hablaba
con él y le entregaba una piedra rosácea y rectangular. Segundos después, el ser se aleja, introduciéndose en un
disco metálico y oscuro, emitiendo un leve zumbido, que despega a gran velocidad.
“La piedra marciana”, tenía grabados nueve símbolos
siendo analizada por el profesor
del Instituto Madrileño de Mineralogía, Pedro Bayón García-Campomanes,
quien afirmaría “que aquella piedra era rarísima y daba reacciones muy extrañas”. Para dar más credibilidad al encuentro de San Martín,
Fernando Sesma localiza al enfermero, quien acaba uniéndose a las tertulias de
La Ballena Alegre. Para él no cabía duda de que la piedra era la prueba
definitiva de la existencia de los extraterrestres. Con el tiempo, Alberto San Martín se trasladará
hasta Brasil, donde moriría, con la extraña creencia de que allí encontraría
la solución a su enigma. De la piedra nunca más se supo. En 1962 un
ser llamado Saliano se pone en contacto telefónico por primera vez con Fernando
Sesma. El interlocutor dice venir de un lugar llamado Aúco, planeta que orbitaría
alrededor de Alfa Centauro. Se inicia
entonces un periodo donde Saliano envía numerosas cartas bastante
incomprensibles. Estas cartas seguían siendo leídas con avidez en “ La
Ballena Alegre” y hacen de Sesma un tipo bastante conocido en todos los medios
de la época, por lo que no era de extrañar, dada la expectación que levantaba
y la calidad de las personas que allí se concentraban, que esas reuniones
fueran controladas muy de cerca por miembros de la Dirección General de
Seguridad. Será en 1966 cuando se inicie un nuevo tipo de
contacto que durante más de 25 años centrarán los estudios del grupo
capitaneado por Sesma. El asunto UMMO había nacido... Tras entrar en contacto con alguien llamado DEI 98,
los UMMITAS hacían su presentación en España. Sesma y algunos miembros de las
tertulias comenzaron entonces a recibir misivas donde, con un lenguaje cuidado,
se explicaban las particularidades de UMMO, un planeta habitado situado a 14´6
años luz de la tierra que giraría en torno a la estrella WOLF 424. Los UMMITAS,
una vez conocida la existencia de nuestro planeta, se habían infiltrado en
nuestra sociedad, tomando su primer contacto con nuestro mundo en las cercanías
de la Jívie (Francia) en la década de los 50. Las cartas llegaban por correo, mataselladas desde países
de los cinco continentes e iban “firmadas” con un símbolo parecido a una
“H” con un trazo central, emblema
perteneciente al gobierno central de los UMMITAS. En ellas se hablaba de la
sociedad UMMO, la propulsión de sus naves, la manera de recorrer las grandes
distancias en el espacio, alimentación y todos los aspectos relacionados con su
sociedad. Referentes a la religión llegaron numerosos escritos,
siendo el sacerdote Enrique Guerrero, párroco de Mairena del Alcor, hombre que
había alcanzado en aquella época gran popularidad, el encargado de realizar
unas manifestaciones al diario ABC. Ante la pregunta de si hubo en el planeta
Ummo otra Redención además de la de Cristo en Belén, el párroco contestaba
que: “en efecto, la hubo hace ya varios miles de años; antes, por supuesto,
que tuviera lugar la nuestra. Sus circunstancias, en parte, fueron similares.
Los habitantes de Ummo sufrían por
entonces una terrible opresión, y millares de ellos era sacrificados en
experimentos biológicos por una tirana de trece años de edad. Era aquella una
dictadura tecnócrata. Ummo atravesaba entonces una época de grandes avances
tecnológicos; pero los ummitas de
un determinado coeficiente mental eran internados en una especie de campos de
concentración, en donde se les obligaban a realizar duros trabajos, antes de
ser utilizados como objetos de experimentación. Cristo encarnó en uno de
aquellos esclavos con el nombre de Ummo-Woa, que significa “Dios de Ummo”, y
comenzó a predicar su nueva doctrina, que coincide totalmente con la evangélica.
Aquella doctrina se extendió en aquel pueblo humillado y pronto llegó a oídos
de la tirana, quien, no pudiendo localizar la persona que la predicaba, decretó
un exterminio masivo de la población. Ummo-Woa, entonces, se entregó y fue
condenado. Pero al descubrir los biólogo su altísimo coeficiente mental, lo
llevaron a sus laboratorios, muriendo diseccionado en una mesa de operaciones.
En este punto, su cuerpo y su sangre se desmaterializaron por completo,
regresando al Padre. Esta conmoción dio lugar, poco después, a una revolución
que derribó la tiranía –en manos entonces de una hija pequeña de la
anterior tirana-, estableciéndose una especie de democracia basada en la
doctrina de Ummo-Woa. Pero la aceptación de esa doctrina se llevó a cabo de
una manera plena. La evolución moral de aquel pueblo fue radical. La virtud
para ellos se hizo reflejo condicionado, algo connatural. La delincuencia, como
la enfermedad, están allí casi totalmente vencidas. Quienes delinquen son rápidamente
sancionados por las benévolas leyes de Ummo; pero ello muy rara vez ocurre.
Precisamente, una de las grandes sorpresas de los ummitas cuando llegaron a
nuestro planeta (a Oyaa, como ellos llaman a la Tierra) fue comprobar que, dos
mil años después de la venida de Jesucristo, el Evangelio y su mensaje sólo
sirvieron para ser proclamados estérilmente”. Enrique Villagrasa, ingeniero, fue el primero en
mantener una conversación telefónica con un supuesto UMMITA. El ser, con voz
metálica, estuvo hablando sobre todo tipo de materias y cuando Villagrasa
preguntaba sobre algo específico de su profesión el UMMITA respondía
velozmente. La prueba física de la realidad de UMMO llegó el 7
de Febrero de 1966, cuando la agencia Cifra informaba del avistamiento ocurrido
la tarde anterior, sobre las 20:00 horas, en la que un objeto anaranjado, muy
brillante, de unos 10 metros de diámetro y forma de platillo, había
sobrevolado el barrio de Aluche y tomado tierra en la finca “El Regajal”. Varios testigos, entre los que figuran un ama de casa
llamada María Teresa Ruiz, quien ve posarse el objeto desde la ventana, o el
guarda Juan Jiménez, que ve una especie de portezuela antes de que el objeto
emprendiera el vuelo, certifican la veracidad de lo sucedido. Pero los testigos
que más relevancia tuvieron fueron José Luis Jordán Peña (no olvidar este
nombre), psicólogo, y Vicente Ortuño, ingeniero. Jordán, volvía del poblado de Casilda de Bustón en
su Seat 600 cuando fue sorprendido por una gran luminosidad que provenía del
cielo. El testigo para el vehículo y sale al exterior para ver aquel extraño
objeto de forma circular. Emitía un sonido uniforme y apagado y fue
descendiendo hasta tocar tierra. El gigantesco artilugio volvía a ascender a
velocidad vertiginosa, alejándose para siempre de aquel lugar. El OVNI tenía
en su panza un signo semejante a una “H” con un trazo central... El segundo testigo era Vicente Ortuño, quien mirando
por la ventana de su vivienda presenció la llegada del objeto. Su declaración
coincidía plenamente con las de José Luis Jordán y ambos aseguraban no
conocerse, aunque también se demostraría que esta afirmación era falsa. Esa misma noche un grupo de soldados entra al bar
“Palencia” y, ante el propietario, que veía sus asustadas caras, discutían
sobre si era cierto o no lo que acababan de ver. En definitiva, existía un
mayor número de testigos del suceso. Al día siguiente multitud de vecinos de Aluche se acercaron a los terrenos donde tuvieron lugar los hechos apareciendo en el duro terreno 3 huellas rectangulares con una especie de aspa en su interior. Las tres marcas formaban un triángulo de seis metros de lado.
Cuando los acólitos de Sesma estaban ya seguros de
que el objeto de Aluche era la prueba definitiva de UMMO, allí, en las
proximidades del castillo de San José de Valderas, tenía lugar otro contacto
con un objeto que presentaba el signo del “gobierno central” en su parte
inferior. Un año y medio después, el 1 de junio de 1967, sobre
las 20:20 horas, otro objeto discoidal, de color anaranjado y forma lenticular,
provisto de una cúpula brillante, sobrevuela la zona del castillo y de las
torretas eléctricas por un espacio de 12 minutos, manteniendo un movimiento de
“hoja muerta”, para alejarse hasta la colonia de Santa Mónica, donde tras
un breve aterrizaje despega, dejando tras su partida unos tubos plateados de
unos 10 Cm.
Por uno de
estos tubitos se llegaron a ofrecer hasta 18000 pesetas (108 euros), al menos
ese era el rumor que un tal Henri Dagousset, francés, del que nunca más se
supo, había hecho correr. Posteriormente también se descubrió de Jordán Peña
y este súbdito francés eran la misma persona. Al ser roto uno de ellos encontraron en su interior un
líquido parecido al agua y una laminilla verde de un material parecido al plástico
con el famoso logotipo extraterrestre. El único fragmento de metal investigado demostró que se trataba de una
aleación de níquel de extraordinaria pureza. El Instituto Nacional de Técnica
Aerospacial certificó que la laminilla de plástico verde era un material
denominado TELDAR, comercializado por una empresa norteamericana, utilizado como
revestimiento de satélites espaciales.
El 2 de junio (justo unas horas después), en el diario “Informaciones”, son publicadas unas fotografías por el periodista Antonio San Antonio, quien recibe cinco negativos de muy buena calidad de un donante anónimo.
El 26 de Agosto de 1967 aparece un segundo fotógrafo,
llamado Antonio Pardo, que manda otras fotografías al investigador Morius
Lleget. Además, acompañando a las fotografías aparecían unas entrevistas
realizadas por Pardo a una serie de testigos, buscando quien avalara su
historia. Con el tiempo se descubriría que Antonio Pardo era en
realidad José Luis Jordán Peña, testigo un año antes del OVNI de Aluche.
Curioso. Con la aparición de estas fotografías, las dudas que
tenían algunos investigadores sobre UMMO parecieron reavivarse. Así, Manuel
Osuna, famoso investigador ufológico de aquellas fechas, empieza a poner en
duda que los escritos tengan una verdadera base científica, por las evidentes
contradicciones que presentan. Asimismo Oscar Rey Brea, en 1972, desconfía de
la calidad de las primeras 5 fotografías y el curioso parecido con las del
segundo fotógrafo. También extraña que el objeto aparezca siempre en
las cercanías de los bordes de las imágenes, como si se intentara ocultar un
posible hilo que sujetara una maqueta, y que no ocupe el centro de la fotografía,
que sería lo lógico cuando alguien intenta captar una imagen no artística,
dando la impresión de que el fotógrafo estaba más preocupado por el encuadre
que por el propio objeto en sí. Posteriores estudios, realizados por el estadounidense
Spaulding y el francés Poher, en uno de los negativos aparece un hilo sujetando
al OVNI de San José de Valderas. Otras
investigaciones realizadas por Carles Berché han encontrado otro hilo, pero en
otro negativo.
En fin, las contradicciones de los supuestos escritos,
la inexistencia de testigos entrevistados por desconocidos personajes que luego
resultaron ser todos uno, el intento de despistar a los investigadores haciéndose
pasar por un francés interesado en los famosos “tubitos” de Santa Mónica o
la facilidad para falsificar las fotografías hicieron recelar a numerosos
investigadores que no habían conocido el caso en sus inicios y, ante las
presiones de estos, a Jordán Peña no le queda más que admitir su participación
en la trama en una carta enviada a Rafael Farriols (uno de los investigadores
del caso de Aluche y del caso de Santa Mónica) en 1993, arrepintiéndose de que
su invento hubiera originado la aparición de algunas sectas destructivas.
En septiembre de 2004 el señor Jordán Peña reconoció en unas manifestaciones a periodistas que él personalmente redactaba las cartas y que la C.I.A. las firmaba con el logotipo ummita, posiblemente aprovechándose del experimento iniciado por este psicólogo industrial. Para las cartas compraba y utilizaba sellos matasellados ya provenientes de distintos países y que él en persona llevaba las cartas y las dejaba a sus destinatarios.
|