FIRMAS: PG Cuartango, Erasmo, S Sostres, J A Herrero Brasas, J Mller, Ha Joon Chang, D Torres,
pedro g. CUARTANGO
10/08/2011
El pozo de la memoria
¿Qu‚ estaba yo haciendo aquel d¡a? ¿D¢nde iba con aquel billete? Hago un
esfuerzo por recordar y aparecen viejas im genes en la memoria. Por aquel
entonces, yo viv¡a en Barcelona y trabajaba en Boixareu Editores. Pero el
billete de metro es de Madrid. Seguramente fue utilizado uno de los muchos fines
de semana que ven¡a a la capital para ver a mi familia. Pero no puedo ir m s
all .
La memoria es como un pozo negro e infinito, cuyo fondo es inaccesible.
Podemos vislumbrar el brocal y los bordes de sus paredes, pero no mucho m s.
Cada d¡a que pasa se desvanecen en nuestro interior cientos de momentos,
sensaciones e im genes. Lo que queda es el poso de un recuerdo que empieza a
difuminarse tras el momento de ser concebido.
No deja de ser un profundo misterio por qu‚ recordamos una parte de nuestra
experiencia, mientras queda profundamente enterrada otra parte de nuestra vida
en lo que Freud llamaba el inconsciente. Si pudi‚ramos visualizar la memoria,
ver¡amos la imagen de un iceberg en el que aflora a la superficie s¢lo una
pequeña porci¢n de su tamaño. He reflexionado muchas veces sobre el mecanismo de
la memoria y nunca he encontrado una explicaci¢n convincente. Los cient¡ficos
dicen que opera como una inmensa red de neuronas interconectadas, pero a m¡ este
modelo me parece muy pobre porque sigue sin hacer comprensible lo esencial: la
naturaleza selectiva de los recuerdos.
¿Cu l fue mi primer recuerdo? Lo conservo con tanta nitidez que muchas veces
pienso que puede ser un autoengaño: estoy en un capazo de mimbre y voy dentro de
un carro que tiran dos caballos. Huelo el olor cercano del Ebro y, cuando
levanto la cabeza, veo las hojas verdes de unos chopos que tocan el cielo.
Jurar¡a que este recuerdo es totalmente real, pero lo que lo hace sospechoso
es la absoluta nitidez de la imagen, que podr¡a haber quedado registrada ayer.
Por el contrario, muchas de las cosas que me han sucedido hace un par de semanas
parecen tan irreales como un sueño.
Resulta para todos una verdad evidente que nuestra identidad se basa en los
recuerdos, de suerte que dejar¡amos literalmente de existir si los perdi‚ramos
por una enfermedad o un accidente fatal. Pero la gran paradoja es que la memoria
es aleatoria y tramposa, tal vez porque necesitamos sobrevivir.
No s‚ muy bien a qu‚ vienen estas reflexiones veraniegas. Tal vez porque la fina lluvia de Galicia me devuelve a otros agostos de mi infancia o porque las vacaciones hacen aflorar un sentimiento de nostalgia. En lo que s¡ creo firmemente es que, cuando todo falla, podemos aferrarnos a la memoria como una d‚bil luz que brilla en la oscuridad y que nos indica la direcci¢n hacia la que debemos marchar
DAVID TORRES
10/08/2011
Relatividad general
Con todo, la teor¡a general de la relatividad es mucho m s de andar por casa,
cualquiera puede entenderla con unos conocimientos b sicos de f¡sica y unos
vistosos ejemplos de hermanos siameses, relojes y aviones volando a la velocidad
de la luz. De hecho, el descubrimiento de Einstein ha traspasado las fronteras
de la ciencia para convertirse en uno de esos artefactos culturales que lo mismo
sirven para un roto que para un descosido. Por ejemplo, si aplicamos la
relatividad general al periodismo encontramos que la inmensa mayor¡a de portadas
en los diarios de Occidente abren con los disturbios callejeros de Londres, con
un barrio entero en llamas, cargas policiales, varios muertos y centenares de
heridos y detenidos. Impresionante, sin duda, pero en Somalia hay cuatro
millones de humanos muri‚ndose de hambre y la noticia no ocupa ni una l¡nea. Es
una noticia vieja, es lo normal. Lo de Londres mola m s.
En las portadas tambi‚n abundan los titulares referidos a la crisis, los
¡ndices burs tiles desplom ndose a cada segundo, el miedo a una nueva recesi¢n
mundial, la bonita variaci¢n de la teor¡a del caos que ha improvisado Obama para
confirmar la conjunci¢n planetaria anunciada por Leire Paj¡n: una mariposa bate
sus alas en la Bolsa de Madrid y se tambalea Wall Street. Ni una palabra en
cambio sobre Somalia, ese lugar en guerra perpetua donde no hay crisis ni Bolsa
ni ¡ndices burs tiles ni peligro de recesi¢n porque el pa¡s entero es una
cat strofe y la enumeraci¢n pormenorizada de sus desgracias transformar¡a un
simple peri¢dico en una enciclopedia de 20 tomos.
M s al fondo tambi‚n est la noticia del en‚simo peregrinaje papal a España,
los gastos que va a generar el festejo, los ingresos que va a producir, las
lecciones de moral que Benedicto XVI va a traer a millones de j¢venes orondos y
satisfechos, mientras que un rinc¢n perdido del planeta del que nadie quiere
acordarse est a punto de quedarse sin j¢venes ni niños: un inmenso cementerio
africano que no aparece en los telediarios fr¡volos del verano ni en los mapas
celestiales de la caridad.
Ser porque todo es relativo o porque Somalia pilla muy lejos para el Vaticano, la OTAN, la ONU y la madre que los pari¢, pero creo que Eddington ten¡a raz¢n: la relatividad no la entiende ni Dios
ERASMO
10/08/2011
V/Aza
SALVADOR SOSTRES
10/08/2011
Una p‚sima noticia
Israel es el pa¡s m s serio del mundo y los jud¡os, la ‚lite de la Humanidad.
Despu‚s de que todos les persigui‚ramos, y en todas las ‚pocas de la Historia y
por todos los rincones del mundo, y de que les intent ramos exterminar tantas
veces como luego renac¡an, pudieron al fin regresar a su casa, y su
supervivencia y su superaci¢n han sido admirables durante todo este tiempo. Con
mucho esfuerzo y sacrificio, y un gran sentido del bien com£n y del progreso
colectivo, convirtieron en f‚rtiles sus tierras imposibles; con firmeza y con
honor aprendieron a defenderse y el Mosad es hoy el mejor servicio de
inteligencia y nos protege a todos de la amenaza islamista.
Israel ha sido desde el final de la II Guerra el vigor del mundo libre, la
fuente esencial de nuestros valores, y con ellos ha defendido nuestro derecho a
la despreocupaci¢n para que pudi‚ramos surcar, felices al modo inmerecido de los
dioses, la bah¡a de la tranquilidad. Nunca se han quejado, nunca han tratado de
esquivar su mandato y han aceptado como soldados los rigores de su destino.
Siempre han estado a la altura. Han cumplido con entereza y disciplina, han
alcanzado sus retos bajo las peores amenazas y sabiendo que ganar es su £nica
posibilidad porque la primera guerra que pierdan ser la £ltima.
Es dram tico que tambi‚n los j¢venes israel¡es hayan ca¡do en la trampa de la
queja y de la manifestaci¢n, porque es la respuesta de un pueblo d‚bil y
vencido. Hasta ahora, tanto el Estado de Israel concretamente como el pueblo
jud¡o en general se hab¡an crecido siempre ante la adversidad. Y todos nos hemos
mirado en el espejo de su ejemplo de perseverancia y de insistencia, en su
lecci¢n sagrada, en su mensaje de amor y de esperanza.
Aunque una guerra -e Israel est en guerra, m s encubierta o menos- ofrece
siempre im genes tr gicas y circunstancias de las que nadie puede alegrarse,
todos sabemos que la lucha por la libertad es dif¡cil y sanguinaria, sobre todo
cuando vives rodeado de mentalidades criminales cuyo £nico objetivo es
exterminarte. Que las cosas hayan deca¡do tanto en Israel como para que los
j¢venes prefieran manifestarse a alistarse en el ej‚rcito o convertirse en
excelentes m‚dicos es una muy mala noticia para el occidente civilizado. Si
nuestras ‚lites embarrancan en la demagogia y en la palabrer¡a vac¡a y est‚ril,
estaremos mucho m s expuestos y mucho menos protegidos. Si Israel cae, caeremos
todos.
Que los j¢venes españoles acabaran acampando en las plazas era de prever y
una de las consecuencias m s l¢gicas de nuestro bachillerato. Pero que la mancha
haya llegado a Israel hace saltar todas las alarmas. Hace 20 años, los j¢venes
israel¡es estaban esforz ndose en universidades americanas para ser los mejores
del mundo en su especialidad y poder pagar lo que cuesta vivir en Tel
Avive, incluso tener la satisfacci¢n de poder financiar algunas de sus
infraestructuras.
As¡ construyen la Historia los pueblos ganadores y capaces de liderar a la Humanidad en su esfuerzo por ser pr¢spera y libre. Ellos son el sentimiento y el sentido. Quejarse es de palestinos
De Londres al movimiento 15-M
vivimos
tiempos turbulentos. La econom¡a se convulsiona como un barco a la
deriva, azotado por una tormenta y lanzando por la borda en cada convulsi¢n a
sus pasajeros m s vulnerables, unos con precarios salvavidas y otros sin nada.
La ira de los pasajeros estalla contra quienes gobiernan la nave, incapaces de
controlar lo que ya parece un inevitable naufragio y dispuestos a permitir que
el hurac n arrastre a tantos. Hasta ah¡ sirve la analog¡a, pues en la vida real
tambi‚n cabe culpar de la tormenta a quienes gobiernan el barco. En la nave brit nica ha estallado un mot¡n. Al tim¢n, un conservador, David
Cameron, con un programa de recortes sociales, austeridad y mano dura… s¢lo para
algunos, como siempre. La perspectiva de una interminable austeridad (lo que
indefectiblemente se traduce por penurias para algunos, no para todos, o al
menos no para todos en la misma medida), la p‚rdida de protecciones sociales y
la falta de esperanza para los j¢venes son circunstancias que indudablemente han
tenido un efecto nuclear en el origen de la furia callejera que azota Londres y
otras ciudades inglesas. Pero a la vista de casos similares en otros pa¡ses,
ser¡a una simplificaci¢n atribuir exclusivamente a la crisis la violencia urbana
que ha estallado s£bitamente en los £ltimos d¡as en el Reino Unido, y que
Cameron califica de ®mera criminalidad¯.
A lo largo de la d‚cada de los 80 y de los £ltimos 11 años (curioso el
par‚ntesis de los años 90), el Reino Unido ha experimentado decenas de
disturbios raciales, con escenas semejantes a las que estamos viendo ahora,
aunque ninguna de estas dimensiones. Y esto £ltimo, la dimensi¢n que est
adquiriendo, es atribuible, como no se cansan de repetir los medios de
comunicaci¢n, a la capacidad de organizarse por parte de los agitadores a trav‚s
de redes sociales y sistemas de mensajer¡a m¢vil. En otras palabras, la
existencia de estas explosiones de violencia con un alto componente de odio
racial no es esencialmente nada nuevo en el Reino Unido ni en otros pa¡ses
occidentales. Lo £nico que ha tomado a todos por sorpresa, especialmente a la
Polic¡a, es la velocidad con que se extienden y con ello las enormes
proporciones que est adquiriendo.
Tambi‚n Par¡s vivi¢ graves disturbios raciales en el otoño de 2005. Las
im genes -batallas campales contra la Polic¡a, incendios...- eran similares,
siempre lo son en estos casos, pero en el franc‚s se hab¡an dado circunstancias
que no est n presentes en el caso actual, tales como una pol¡tica de laicismo
que inclu¡a la prohibici¢n de s¡mbolos religiosos en espacios p£blicos, y que
precedi¢ a las actuales restricciones al velo isl mico en Francia. Un dato
importante a tener en cuenta es que esos disturbios en la capital francesa se
produc¡an en momentos de gran bonanza econ¢mica. Todo esto es significativo para
entender la naturaleza de las actuales reyertas en el Reino Unido.
Un episodio m s significativo para comprender lo que est ocurriendo en el
Reino Unido son los graves disturbios, con evidente componente racial, que se
extendieron por todo EEUU en abril y mayo de 1992. El detonante en aquel caso
fue la absoluci¢n en Los µngeles, por parte de un jurado compuesto
exclusivamente por blancos, de los polic¡as tambi‚n blancos que hab¡an apaleado
brutalmente a Rodney King, un delincuente habitual de raza negra. Sin Twitter ni
Blackberries, con una rapidez inusitada, la violencia se extendi¢ por la ciudad
californiana e inmediatamente despu‚s por todo el pa¡s. Al igual que ahora en
Londres, la Polic¡a, cogida por sorpresa, qued¢ completamente desbordada. A£n
recuerdo c¢mo mientras conduc¡a hacia mi casa me encontr‚ al llegar al centro de
la ciudad con un escenario dantesco, rodeado de edificios en llamas, escaparates
destruidos y gente asaltando tiendas y pegando tiros.
Aquellos tumultos concluyeron con centenares de inmuebles, negocios y
almacenes quemados, decenas de muertos, toques de queda y las tanquetas de la
Guardia Nacional patrullando las calles. ¿Eran aquellos tiempos de crisis
econ¢mica en EEUU? No particularmente. Desde luego, nada comparable con la que
nos asola actualmente. El componente fundamental en aquella crisis fue racial, y
no s¢lo por las tensiones entre blancos y negros: las hostilidades entre negros
y asi ticos tambi‚n dieron lugar a muchas v¡ctimas.
¿Qu‚ lecci¢n podemos extraer de estos ejemplos? La primera, que aunque la
crisis, con todo lo que conlleva de recortes sociales, ha contribuido a
exacerbar las tensiones existentes, no es suficiente explicaci¢n.
El detonante de los disturbios londinenses, como es bien sabido, ha sido la
muerte de un joven negro llamado Mark Duggan por lo que pudieron ser disparos de
la Polic¡a (asunto que en el momento de escribir estas l¡neas est a£n por
esclarecer). Con esa muerte, toda la comunidad inmigrante del Reino Unido -una
comunidad racial y culturalmente minoritaria en un pa¡s de tradici¢n fuertemente
conservadora y clasista- se sinti¢ de alg£n modo atacada.
el reino Unido sigue siendo
institucional y culturalmente un pa¡s extremadamente conservador. Es
posiblemente el £nico pa¡s del mundo donde la nobleza tiene a£n su propia c mara
parlamentaria, adem s de ser un Estado confesional, donde los obispos ocupan
escaños en el Parlamento y donde incluso cualquier modificaci¢n de la liturgia y
del misal tiene que ser aprobada en el Parlamento. Este perfil
socioculturalmente conservador y clasista es caracter¡stico de las culturas de
tradici¢n anglosajona, y necesariamente marca un contraste extremo con las
culturas minoritarias de los inmigrantes, que perciben de modo muy agudo su
marginaci¢n social y cultural.
No creo que haya que buscar otras motivaciones especiales para explicar estos
disturbios. La violencia racial no es nada nuevo, y la extensi¢n del fen¢meno
viene facilitada por las nuevas tecnolog¡as. ¿Va la violencia en el Reino Unido
dirigida contra la Polic¡a? ¿Contra los blancos? No parece ser el caso. A la
vista de las informaciones, muchos de los establecimientos asaltados, destruidos
o incinerados pertenecen a inmigrantes. Cuando la violencia se desata y es
secundada por j¢venes, meros adolescentes en muchos casos, cede la racionalidad
para dar paso a un c£mulo de frustraciones sociales y personales.
C¢mo no señalar, para concluir, el contraste tan enorme entre lo que ocurre
en el Reino Unido (unos disturbios callejeros cl sicos, por llamarlos as¡) y la
ins¢lita originalidad del 15-M, un movimiento de masas que se caracteriza por
sus estrictos principios de no violencia, intergeneracionalidad y respeto. Los
indeseables que recientemente han provocado tantos quebraderos de cabeza en
Madrid, entre los cuales hab¡a personas con antecedentes, son elementos aislados
que de ning£n modo representan al 15-M. A nuestros pol¡ticos: conviene valorar
lo que tenemos.
Juan A. Herrero Brasas es profesor de tica Social en la Universidad del Estado de California
JOHN MšLLER
10/08/2011
De Pearl Harbor a Tarento
La carta es un diktat de medidas tan detallado -reformar el mercado
laboral, liberalizar el sector empresarial, privatizar, etc.- que Il Corriere
della Sera la defini¢ como ®un aut‚ntico programa de gobierno¯.
Tom ndole prestado el s¡mil b‚lico a Zapatero, Berlusconi estar¡a frente a su
Batalla de Tarento, aquella incursi¢n de los aviones torpederos de la Royal Navy
que inutiliz¢ a varios de los mejores acorazados de la marina italiana apostados
en la gran base naval de esta ciudad, en noviembre de 1940. No en vano,
Yamamoto se inspir¢ en esta operaci¢n para argumentar que se pod¡an
utilizar torpedos en ataques a‚reos a baja altitud y en mar poco profundo.
®Nosotros nos hab¡amos movido antes que el BCE¯, dijo Umberto Bossi,
l¡der de la Liga Norte y aliado de Berlusconi. Es verdad, el Ejecutivo italiano
lleva m s de un mes anunciando medidas de ajuste que despu‚s quedaban aplazadas
o en el olvido. As¡ ocurri¢ con la reintroducci¢n del copago sanitario, una
medida que los estrategas econ¢micos creen que genera una gran credibilidad
(como ocurri¢ con la reforma de las pensiones en España), porque tiene alto
coste pol¡tico pero cuyos efectos s¢lo se ven a largo plazo. Al final se qued¢
en los cajones de un ministerio.
El mercado no se crey¢ esas fintas. Por £ltimo, Berlusconi se vio abocado a
su Tarento. De todas sus promesas, la que m s perjudica a España, por la man¡a
de establecer comparaciones entre vecinos, es la de adelantar un año el ajuste
del d‚ficit al 3% del PIB, de 2014 a 2013. Casi autom ticamente hay quienes
creen que España deber¡a hacer lo propio, presentando un d‚ficit del 3% en 2012.
Pero con la actual conducci¢n econ¢mica esto es imposible. Salgado sigue
aferrada a la idea de que lograr un crecimiento del 1,3%, pero se prepara a
disimular medio punto de d‚ficit con un anticipo de impuestos de las empresas
que tengan m s de seis millones de beneficios.
Lo justo, adem s, ser¡a pedirle a Italia que alineara su deuda p£blica -su
verdadero problema- con los criterios europeos, porque ellos realmente no tienen
dificultades con el d‚ficit p£blico como nosotros.
Donde s¡ Tarento se ha revelado peor que Pearl Harbor es en la intervenci¢n a regañadientes del BCE para calmar a los mercados de deuda. Ni España ni Italia pueden moverse ahora sin la ayuda de Trichet o Draghi. En el Gobierno español hay cabreo porque el BCE pod¡a haber hecho esto mismo hace 10 d¡as y ahorrarnos el paseo de nuestra prima de riesgo por encima de los 420 puntos. ®Trichet s¢lo act£a cuando nos ve con la pistola en el pecho¯, coment¢ un alto cargo del Gobierno español. El problema es que no estamos en posici¢n de exigir o protestar. S¢lo nos queda obedecer
HA-JOON CHANG
10/08/2011
Desintoxiquemos los mercados
El debate se centra en c¢mo deben controlarse los d‚ficits presupuestarios,
sobre lo que la opini¢n dominante sostiene que hay que reducirlos r pidamente y,
sobre todo, a trav‚s de recortes de gastos sociales. En el lado contrario est n
los que argumentan que son necesarios nuevos est¡mulos fiscales a corto plazo y
una reducci¢n del d‚ficit a m s largo plazo a base de apoyarse en subidas de
impuestos.
Si bien este debate es esencial, no deber¡a distraernos de la necesidad
urgente de reformar nuestro sistema financiero, cuya disfuncionalidad se
encuentra en el meollo de esta crisis. En ninguna parte es esto m s evidente que
en el caso de las agencias de calificaci¢n, cuya incompetencia y cinismo se
pusieron en evidencia tras la crisis de 2008, si no antes. A pesar de ello, no
hemos hecho nada y, como consecuencia, en estos momentos tenemos que hacer
frente a hechos absurdos. Por ejemplo, que los pa¡ses perif‚ricos europeos
tengan que rehacer radicalmente sus contratos sociales al dictado de estas
organizaciones y no a trav‚s del debate democr tico mientras que la degradaci¢n
de los bonos del Tesoro de los EEUU ha aumentado la demanda de esos mismos bonos
como productos refugio.
¿Era inevitable todo esto? Dif¡cilmente. Podr¡amos haber creado una
instituci¢n de calificaci¢n crediticia (¿una agencia de la ONU financiada por
los miembros?) que no cobrase por sus servicios y que pudiera ser m s objetiva,
para plantear de este modo una competencia efectiva al oligopolio actual de
S&P, Moody's y Fitch. Si los reguladores hubieran decidido depender menos de
sus calificaciones en la evaluaci¢n de las instituciones financieras, habr¡amos
debilitado esa influencia de la que indebidamente gozan. De cara a la prevenci¢n
de futuras crisis, deber¡amos haber exigido una mayor transparencia de las
agencias al mismo tiempo que una modificaci¢n de su estructura de comisiones,
conforme a la cual les pagan las empresas que quieren que les valoren sus
productos. Sin embargo, estas opciones no se han considerado en serio.
Otro ejemplo de reformas financieras cuyo olvido se vuelve en nuestra contra
es la entrada en vigor de normas acordadas a escala internacional sobre la
quiebra de estados. En la resoluci¢n de la crisis de la deuda soberana europea,
uno de los principales obst culos ha sido la negativa de los tenedores de bonos
a asumir carga alguna de los ajustes, como si una propuesta de esa naturaleza
fuera en contra de las reglas b sicas del capitalismo. Pero lo que ocurre es que
el principio de que el acreedor paga las consecuencias de un pr‚stamo fallido,
como tambi‚n lo hace el deudor, funciona ya sin restricciones en otros niveles
de las econom¡as capitalistas.
Cuando las empresas van a la quiebra, los acreedores tambi‚n tienen que
asumir p‚rdidas. La propuesta de aplicar el mismo principio para hacer frente a
las quiebras de estados ha existido por lo menos desde los tiempos de la crisis
asi tica de 1997. Sin embargo, este punto se ha descartado porque los gobiernos
de los pa¡ses ricos, bajo la influencia de sus grupos de presi¢n, no lo
aceptar¡an.
Hay otras reformas financieras cuya falta todav¡a no se ha subsanado para
acosarnos con saña, pero lo har n en el futuro. La m s importante de ellas es la
regulaci¢n de los productos financieros complejos. A pesar del acuerdo
generalizado acerca de que estos productos son los que han hecho que la actual
crisis sea tan profunda, no hemos hecho pr cticamente nada para regularlos. La
eterna canci¢n es que se trata de productos excesivamente complicados de
regular. Entonces, ¿por qu‚ no se proh¡ben unos productos cuya seguridad no
puede demostrarse de manera convincente, como hacemos con las drogas?
Nada se ha hecho para regular los para¡sos fiscales, que no s¢lo privan a los
gobiernos de ingresos sino que tambi‚n dificultan a£n m s la regulaci¢n
financiera. Una vez m s, podr¡amos haber acabado de ra¡z o debilitado de manera
importante los para¡sos declarando que son ilegales todas las transacciones con
empresas registradas en esos pa¡ses que no cumplen con las normas m¡nimas. ¿Y
qu‚ hemos hecho para cambiar la estructura perversa de incentivos en el sistema
financiero, que ha alentado la asunci¢n de riesgos excesivos? Pr cticamente
nada, a excepci¢n de un impuesto casi simb¢lico en el Reino Unido.
Una pol¡tica fiscal apropiada no puede resolver por s¡ sola los problemas que han acarreado consigo la crisis actual. Lo £nico que puede hacer es crear el espacio en el que acometamos las reformas reales, especialmente la financiera. Sin esa reforma no vamos a superar esta crisis de manera satisfactoria ni a evitar otras crisis similares en el futuro.
Ha-Joon Chang es profesor de Econom¡a de la Universidad de Cambridge




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