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Actualizaci¢n de madrugada

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Lugar: Cantabria, Spain

mi‚rcoles 10 de agosto de 2011

FIRMAS: PG Cuartango, Erasmo, S Sostres, J A Herrero Brasas, J Mller, Ha Joon Chang, D Torres,

pedro g. CUARTANGO

10/08/2011

El pozo de la memoria

HOJEANDO un antiguo libro, encuentro un billete de metro. Es amarillo y est  impreso en tinta azul. Leo la fecha: 12 de diciembre de 1979. Han pasado 32 años.

¿Qu‚ estaba yo haciendo aquel d¡a? ¿D¢nde iba con aquel billete? Hago un esfuerzo por recordar y aparecen viejas im genes en la memoria. Por aquel entonces, yo viv¡a en Barcelona y trabajaba en Boixareu Editores. Pero el billete de metro es de Madrid. Seguramente fue utilizado uno de los muchos fines de semana que ven¡a a la capital para ver a mi familia. Pero no puedo ir m s all .

La memoria es como un pozo negro e infinito, cuyo fondo es inaccesible. Podemos vislumbrar el brocal y los bordes de sus paredes, pero no mucho m s. Cada d¡a que pasa se desvanecen en nuestro interior cientos de momentos, sensaciones e im genes. Lo que queda es el poso de un recuerdo que empieza a difuminarse tras el momento de ser concebido.

No deja de ser un profundo misterio por qu‚ recordamos una parte de nuestra experiencia, mientras queda profundamente enterrada otra parte de nuestra vida en lo que Freud llamaba el inconsciente. Si pudi‚ramos visualizar la memoria, ver¡amos la imagen de un iceberg en el que aflora a la superficie s¢lo una pequeña porci¢n de su tamaño. He reflexionado muchas veces sobre el mecanismo de la memoria y nunca he encontrado una explicaci¢n convincente. Los cient¡ficos dicen que opera como una inmensa red de neuronas interconectadas, pero a m¡ este modelo me parece muy pobre porque sigue sin hacer comprensible lo esencial: la naturaleza selectiva de los recuerdos.

¿Cu l fue mi primer recuerdo? Lo conservo con tanta nitidez que muchas veces pienso que puede ser un autoengaño: estoy en un capazo de mimbre y voy dentro de un carro que tiran dos caballos. Huelo el olor cercano del Ebro y, cuando levanto la cabeza, veo las hojas verdes de unos chopos que tocan el cielo.

Jurar¡a que este recuerdo es totalmente real, pero lo que lo hace sospechoso es la absoluta nitidez de la imagen, que podr¡a haber quedado registrada ayer. Por el contrario, muchas de las cosas que me han sucedido hace un par de semanas parecen tan irreales como un sueño.

Resulta para todos una verdad evidente que nuestra identidad se basa en los recuerdos, de suerte que dejar¡amos literalmente de existir si los perdi‚ramos por una enfermedad o un accidente fatal. Pero la gran paradoja es que la memoria es aleatoria y tramposa, tal vez porque necesitamos sobrevivir.

No s‚ muy bien a qu‚ vienen estas reflexiones veraniegas. Tal vez porque la fina lluvia de Galicia me devuelve a otros agostos de mi infancia o porque las vacaciones hacen aflorar un sentimiento de nostalgia. En lo que s¡ creo firmemente es que, cuando todo falla, podemos aferrarnos a la memoria como una d‚bil luz que brilla en la oscuridad y que nos indica la direcci¢n hacia la que debemos marchar

DAVID TORRES

10/08/2011

Relatividad general

UNA VEZ le preguntaron a sir Arthur Eddington si era verdad que la teor¡a especial de la relatividad s¢lo la entend¡an en el mundo cuatro personas. El insigne cient¡fico se qued¢ un buen rato en blanco y cuando el periodista, extrañado por su silencio, volvi¢ a preguntar, Eddington respondi¢: ®Le he o¡do, muchacho. Me estaba preguntando qui‚nes pueden ser las otras dos¯.

Con todo, la teor¡a general de la relatividad es mucho m s de andar por casa, cualquiera puede entenderla con unos conocimientos b sicos de f¡sica y unos vistosos ejemplos de hermanos siameses, relojes y aviones volando a la velocidad de la luz. De hecho, el descubrimiento de Einstein ha traspasado las fronteras de la ciencia para convertirse en uno de esos artefactos culturales que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Por ejemplo, si aplicamos la relatividad general al periodismo encontramos que la inmensa mayor¡a de portadas en los diarios de Occidente abren con los disturbios callejeros de Londres, con un barrio entero en llamas, cargas policiales, varios muertos y centenares de heridos y detenidos. Impresionante, sin duda, pero en Somalia hay cuatro millones de humanos muri‚ndose de hambre y la noticia no ocupa ni una l¡nea. Es una noticia vieja, es lo normal. Lo de Londres mola m s.

En las portadas tambi‚n abundan los titulares referidos a la crisis, los ¡ndices burs tiles desplom ndose a cada segundo, el miedo a una nueva recesi¢n mundial, la bonita variaci¢n de la teor¡a del caos que ha improvisado Obama para confirmar la conjunci¢n planetaria anunciada por Leire Paj¡n: una mariposa bate sus alas en la Bolsa de Madrid y se tambalea Wall Street. Ni una palabra en cambio sobre Somalia, ese lugar en guerra perpetua donde no hay crisis ni Bolsa ni ¡ndices burs tiles ni peligro de recesi¢n porque el pa¡s entero es una cat strofe y la enumeraci¢n pormenorizada de sus desgracias transformar¡a un simple peri¢dico en una enciclopedia de 20 tomos.

M s al fondo tambi‚n est  la noticia del en‚simo peregrinaje papal a España, los gastos que va a generar el festejo, los ingresos que va a producir, las lecciones de moral que Benedicto XVI va a traer a millones de j¢venes orondos y satisfechos, mientras que un rinc¢n perdido del planeta del que nadie quiere acordarse est  a punto de quedarse sin j¢venes ni niños: un inmenso cementerio africano que no aparece en los telediarios fr¡volos del verano ni en los mapas celestiales de la caridad.

Ser  porque todo es relativo o porque Somalia pilla muy lejos para el Vaticano, la OTAN, la ONU y la madre que los pari¢, pero creo que Eddington ten¡a raz¢n: la relatividad no la entiende ni Dios

ERASMO

10/08/2011

V/Aza

ESTE Alberto (75), horaciano Beatus ille. Acaso prematuro: sabr  si jubilaci¢n viene de j£bilo. En la Real Casa, y por doquier, deja trazas de refinada prudencia; asturian¡n elegante, a£n con m s valores de mente y  nima de los que Niccol¢ Machiavelli (estudiado por Sabino, antecesor) requiriera para il consigliere m s contiguo a Il Principe. Y como el florentino, el mismo afilado semblante, mas no las dudosas advertencias morales del sedicente inventor de la realpolitik. As¡, Aza, su bonhom¡a grande. Y llega Rafael Spottorno. Chapeau (Both).

SALVADOR SOSTRES

10/08/2011

Una p‚sima noticia

Es tal el alcance de la crisis moral que nos acecha que la lamentable ret¢rica indignada ha llegado hasta Israel. Miles de personas se est n manifestando estos d¡as en Tel Aviv en contra del precio de la vida en la capital. La misma est‚tica que en Sol o en la plaza de Cataluña. Es una p‚sima noticia.

Israel es el pa¡s m s serio del mundo y los jud¡os, la ‚lite de la Humanidad. Despu‚s de que todos les persigui‚ramos, y en todas las ‚pocas de la Historia y por todos los rincones del mundo, y de que les intent ramos exterminar tantas veces como luego renac¡an, pudieron al fin regresar a su casa, y su supervivencia y su superaci¢n han sido admirables durante todo este tiempo. Con mucho esfuerzo y sacrificio, y un gran sentido del bien com£n y del progreso colectivo, convirtieron en f‚rtiles sus tierras imposibles; con firmeza y con honor aprendieron a defenderse y el Mosad es hoy el mejor servicio de inteligencia y nos protege a todos de la amenaza islamista.

Israel ha sido desde el final de la II Guerra el vigor del mundo libre, la fuente esencial de nuestros valores, y con ellos ha defendido nuestro derecho a la despreocupaci¢n para que pudi‚ramos surcar, felices al modo inmerecido de los dioses, la bah¡a de la tranquilidad. Nunca se han quejado, nunca han tratado de esquivar su mandato y han aceptado como soldados los rigores de su destino. Siempre han estado a la altura. Han cumplido con entereza y disciplina, han alcanzado sus retos bajo las peores amenazas y sabiendo que ganar es su £nica posibilidad porque la primera guerra que pierdan ser  la £ltima.

Es dram tico que tambi‚n los j¢venes israel¡es hayan ca¡do en la trampa de la queja y de la manifestaci¢n, porque es la respuesta de un pueblo d‚bil y vencido. Hasta ahora, tanto el Estado de Israel concretamente como el pueblo jud¡o en general se hab¡an crecido siempre ante la adversidad. Y todos nos hemos mirado en el espejo de su ejemplo de perseverancia y de insistencia, en su lecci¢n sagrada, en su mensaje de amor y de esperanza.

Aunque una guerra -e Israel est  en guerra, m s encubierta o menos- ofrece siempre im genes tr gicas y circunstancias de las que nadie puede alegrarse, todos sabemos que la lucha por la libertad es dif¡cil y sanguinaria, sobre todo cuando vives rodeado de mentalidades criminales cuyo £nico objetivo es exterminarte. Que las cosas hayan deca¡do tanto en Israel como para que los j¢venes prefieran manifestarse a alistarse en el ej‚rcito o convertirse en excelentes m‚dicos es una muy mala noticia para el occidente civilizado. Si nuestras ‚lites embarrancan en la demagogia y en la palabrer¡a vac¡a y est‚ril, estaremos mucho m s expuestos y mucho menos protegidos. Si Israel cae, caeremos todos.

Que los j¢venes españoles acabaran acampando en las plazas era de prever y una de las consecuencias m s l¢gicas de nuestro bachillerato. Pero que la mancha haya llegado a Israel hace saltar todas las alarmas. Hace 20 años, los j¢venes israel¡es estaban esforz ndose en universidades americanas para ser los mejores del mundo en su especialidad y poder pagar lo que cuesta vivir en Tel Avive, incluso tener la satisfacci¢n de poder financiar algunas de sus infraestructuras.

As¡ construyen la Historia los pueblos ganadores y capaces de liderar a la Humanidad en su esfuerzo por ser pr¢spera y libre. Ellos son el sentimiento y el sentido. Quejarse es de palestinos

De Londres al movimiento 15-M

Zapatero embusterovivimos tiempos turbulentos. La econom¡a se convulsiona como un barco a la deriva, azotado por una tormenta y lanzando por la borda en cada convulsi¢n a sus pasajeros m s vulnerables, unos con precarios salvavidas y otros sin nada. La ira de los pasajeros estalla contra quienes gobiernan la nave, incapaces de controlar lo que ya parece un inevitable naufragio y dispuestos a permitir que el hurac n arrastre a tantos. Hasta ah¡ sirve la analog¡a, pues en la vida real tambi‚n cabe culpar de la tormenta a quienes gobiernan el barco.

En la nave brit nica ha estallado un mot¡n. Al tim¢n, un conservador, David Cameron, con un programa de recortes sociales, austeridad y mano dura… s¢lo para algunos, como siempre. La perspectiva de una interminable austeridad (lo que indefectiblemente se traduce por penurias para algunos, no para todos, o al menos no para todos en la misma medida), la p‚rdida de protecciones sociales y la falta de esperanza para los j¢venes son circunstancias que indudablemente han tenido un efecto nuclear en el origen de la furia callejera que azota Londres y otras ciudades inglesas. Pero a la vista de casos similares en otros pa¡ses, ser¡a una simplificaci¢n atribuir exclusivamente a la crisis la violencia urbana que ha estallado s£bitamente en los £ltimos d¡as en el Reino Unido, y que Cameron califica de ®mera criminalidad¯.

A lo largo de la d‚cada de los 80 y de los £ltimos 11 años (curioso el par‚ntesis de los años 90), el Reino Unido ha experimentado decenas de disturbios raciales, con escenas semejantes a las que estamos viendo ahora, aunque ninguna de estas dimensiones. Y esto £ltimo, la dimensi¢n que est  adquiriendo, es atribuible, como no se cansan de repetir los medios de comunicaci¢n, a la capacidad de organizarse por parte de los agitadores a trav‚s de redes sociales y sistemas de mensajer¡a m¢vil. En otras palabras, la existencia de estas explosiones de violencia con un alto componente de odio racial no es esencialmente nada nuevo en el Reino Unido ni en otros pa¡ses occidentales. Lo £nico que ha tomado a todos por sorpresa, especialmente a la Polic¡a, es la velocidad con que se extienden y con ello las enormes proporciones que est  adquiriendo.

Tambi‚n Par¡s vivi¢ graves disturbios raciales en el otoño de 2005. Las im genes -batallas campales contra la Polic¡a, incendios...- eran similares, siempre lo son en estos casos, pero en el franc‚s se hab¡an dado circunstancias que no est n presentes en el caso actual, tales como una pol¡tica de laicismo que inclu¡a la prohibici¢n de s¡mbolos religiosos en espacios p£blicos, y que precedi¢ a las actuales restricciones al velo isl mico en Francia. Un dato importante a tener en cuenta es que esos disturbios en la capital francesa se produc¡an en momentos de gran bonanza econ¢mica. Todo esto es significativo para entender la naturaleza de las actuales reyertas en el Reino Unido.

Un episodio m s significativo para comprender lo que est  ocurriendo en el Reino Unido son los graves disturbios, con evidente componente racial, que se extendieron por todo EEUU en abril y mayo de 1992. El detonante en aquel caso fue la absoluci¢n en Los µngeles, por parte de un jurado compuesto exclusivamente por blancos, de los polic¡as tambi‚n blancos que hab¡an apaleado brutalmente a Rodney King, un delincuente habitual de raza negra. Sin Twitter ni Blackberries, con una rapidez inusitada, la violencia se extendi¢ por la ciudad californiana e inmediatamente despu‚s por todo el pa¡s. Al igual que ahora en Londres, la Polic¡a, cogida por sorpresa, qued¢ completamente desbordada. A£n recuerdo c¢mo mientras conduc¡a hacia mi casa me encontr‚ al llegar al centro de la ciudad con un escenario dantesco, rodeado de edificios en llamas, escaparates destruidos y gente asaltando tiendas y pegando tiros.

Aquellos tumultos concluyeron con centenares de inmuebles, negocios y almacenes quemados, decenas de muertos, toques de queda y las tanquetas de la Guardia Nacional patrullando las calles. ¿Eran aquellos tiempos de crisis econ¢mica en EEUU? No particularmente. Desde luego, nada comparable con la que nos asola actualmente. El componente fundamental en aquella crisis fue racial, y no s¢lo por las tensiones entre blancos y negros: las hostilidades entre negros y asi ticos tambi‚n dieron lugar a muchas v¡ctimas.

¿Qu‚ lecci¢n podemos extraer de estos ejemplos? La primera, que aunque la crisis, con todo lo que conlleva de recortes sociales, ha contribuido a exacerbar las tensiones existentes, no es suficiente explicaci¢n.

El detonante de los disturbios londinenses, como es bien sabido, ha sido la muerte de un joven negro llamado Mark Duggan por lo que pudieron ser disparos de la Polic¡a (asunto que en el momento de escribir estas l¡neas est  a£n por esclarecer). Con esa muerte, toda la comunidad inmigrante del Reino Unido -una comunidad racial y culturalmente minoritaria en un pa¡s de tradici¢n fuertemente conservadora y clasista- se sinti¢ de alg£n modo atacada.

el reino Unido sigue siendo institucional y culturalmente un pa¡s extremadamente conservador. Es posiblemente el £nico pa¡s del mundo donde la nobleza tiene a£n su propia c mara parlamentaria, adem s de ser un Estado confesional, donde los obispos ocupan escaños en el Parlamento y donde incluso cualquier modificaci¢n de la liturgia y del misal tiene que ser aprobada en el Parlamento. Este perfil socioculturalmente conservador y clasista es caracter¡stico de las culturas de tradici¢n anglosajona, y necesariamente marca un contraste extremo con las culturas minoritarias de los inmigrantes, que perciben de modo muy agudo su marginaci¢n social y cultural.

No creo que haya que buscar otras motivaciones especiales para explicar estos disturbios. La violencia racial no es nada nuevo, y la extensi¢n del fen¢meno viene facilitada por las nuevas tecnolog¡as. ¿Va la violencia en el Reino Unido dirigida contra la Polic¡a? ¿Contra los blancos? No parece ser el caso. A la vista de las informaciones, muchos de los establecimientos asaltados, destruidos o incinerados pertenecen a inmigrantes. Cuando la violencia se desata y es secundada por j¢venes, meros adolescentes en muchos casos, cede la racionalidad para dar paso a un c£mulo de frustraciones sociales y personales.

C¢mo no señalar, para concluir, el contraste tan enorme entre lo que ocurre en el Reino Unido (unos disturbios callejeros cl sicos, por llamarlos as¡) y la ins¢lita originalidad del 15-M, un movimiento de masas que se caracteriza por sus estrictos principios de no violencia, intergeneracionalidad y respeto. Los indeseables que recientemente han provocado tantos quebraderos de cabeza en Madrid, entre los cuales hab¡a personas con antecedentes, son elementos aislados que de ning£n modo representan al 15-M. A nuestros pol¡ticos: conviene valorar lo que tenemos.

Juan A. Herrero Brasas es profesor de tica Social en la Universidad del Estado de California

JOHN MšLLER

10/08/2011

De Pearl Harbor a Tarento

Zapatero ha bautizado como Pearl Harbor el momento en que la UE y los mercados le obligaron a reformar su manirrota pol¡tica econ¢mica en mayo de 2010. La semana pasada, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, y su sucesor, Mario Draghi, le enviaron a Silvio Berlusconi una carta exhort ndole a acelerar las reformas que debe realizar si quiere contar con su ayuda para librarse de la crisis de la deuda europea.

La carta es un diktat de medidas tan detallado -reformar el mercado laboral, liberalizar el sector empresarial, privatizar, etc.- que Il Corriere della Sera la defini¢ como ®un aut‚ntico programa de gobierno¯.

Tom ndole prestado el s¡mil b‚lico a Zapatero, Berlusconi estar¡a frente a su Batalla de Tarento, aquella incursi¢n de los aviones torpederos de la Royal Navy que inutiliz¢ a varios de los mejores acorazados de la marina italiana apostados en la gran base naval de esta ciudad, en noviembre de 1940. No en vano, Yamamoto se inspir¢ en esta operaci¢n para argumentar que se pod¡an utilizar torpedos en ataques a‚reos a baja altitud y en mar poco profundo.

®Nosotros nos hab¡amos movido antes que el BCE¯, dijo Umberto Bossi, l¡der de la Liga Norte y aliado de Berlusconi. Es verdad, el Ejecutivo italiano lleva m s de un mes anunciando medidas de ajuste que despu‚s quedaban aplazadas o en el olvido. As¡ ocurri¢ con la reintroducci¢n del copago sanitario, una medida que los estrategas econ¢micos creen que genera una gran credibilidad (como ocurri¢ con la reforma de las pensiones en España), porque tiene alto coste pol¡tico pero cuyos efectos s¢lo se ven a largo plazo. Al final se qued¢ en los cajones de un ministerio.

El mercado no se crey¢ esas fintas. Por £ltimo, Berlusconi se vio abocado a su Tarento. De todas sus promesas, la que m s perjudica a España, por la man¡a de establecer comparaciones entre vecinos, es la de adelantar un año el ajuste del d‚ficit al 3% del PIB, de 2014 a 2013. Casi autom ticamente hay quienes creen que España deber¡a hacer lo propio, presentando un d‚ficit del 3% en 2012. Pero con la actual conducci¢n econ¢mica esto es imposible. Salgado sigue aferrada a la idea de que lograr  un crecimiento del 1,3%, pero se prepara a disimular medio punto de d‚ficit con un anticipo de impuestos de las empresas que tengan m s de seis millones de beneficios.

Lo justo, adem s, ser¡a pedirle a Italia que alineara su deuda p£blica -su verdadero problema- con los criterios europeos, porque ellos realmente no tienen dificultades con el d‚ficit p£blico como nosotros.

Donde s¡ Tarento se ha revelado peor que Pearl Harbor es en la intervenci¢n a regañadientes del BCE para calmar a los mercados de deuda. Ni España ni Italia pueden moverse ahora sin la ayuda de Trichet o Draghi. En el Gobierno español hay cabreo porque el BCE pod¡a haber hecho esto mismo hace 10 d¡as y ahorrarnos el paseo de nuestra prima de riesgo por encima de los 420 puntos. ®Trichet s¢lo act£a cuando nos ve con la pistola en el pecho¯, coment¢ un alto cargo del Gobierno español. El problema es que no estamos en posici¢n de exigir o protestar. S¢lo nos queda obedecer

HA-JOON CHANG

10/08/2011

Desintoxiquemos los mercados

La econom¡a mundial est  de nuevo en plena confusi¢n. Hemos visto dos semanas de ca¡das casi universales de los principales mercados burs tiles, provocadas por la propagaci¢n de la crisis de la Eurozona a España e Italia, la falsa crisis fiscal fabricada por los republicanos en los Estados Unidos y la desaceleraci¢n econ¢mica en todo el mundo. Adem s, la rebaja de la calificaci¢n de la deuda estadounidense por primera vez, la semana pasada, por S&P ha añadido dramatismo a los acontecimientos que se est n desarrollando.

El debate se centra en c¢mo deben controlarse los d‚ficits presupuestarios, sobre lo que la opini¢n dominante sostiene que hay que reducirlos r pidamente y, sobre todo, a trav‚s de recortes de gastos sociales. En el lado contrario est n los que argumentan que son necesarios nuevos est¡mulos fiscales a corto plazo y una reducci¢n del d‚ficit a m s largo plazo a base de apoyarse en subidas de impuestos.

Si bien este debate es esencial, no deber¡a distraernos de la necesidad urgente de reformar nuestro sistema financiero, cuya disfuncionalidad se encuentra en el meollo de esta crisis. En ninguna parte es esto m s evidente que en el caso de las agencias de calificaci¢n, cuya incompetencia y cinismo se pusieron en evidencia tras la crisis de 2008, si no antes. A pesar de ello, no hemos hecho nada y, como consecuencia, en estos momentos tenemos que hacer frente a hechos absurdos. Por ejemplo, que los pa¡ses perif‚ricos europeos tengan que rehacer radicalmente sus contratos sociales al dictado de estas organizaciones y no a trav‚s del debate democr tico mientras que la degradaci¢n de los bonos del Tesoro de los EEUU ha aumentado la demanda de esos mismos bonos como productos refugio.

¿Era inevitable todo esto? Dif¡cilmente. Podr¡amos haber creado una instituci¢n de calificaci¢n crediticia (¿una agencia de la ONU financiada por los miembros?) que no cobrase por sus servicios y que pudiera ser m s objetiva, para plantear de este modo una competencia efectiva al oligopolio actual de S&P, Moody's y Fitch. Si los reguladores hubieran decidido depender menos de sus calificaciones en la evaluaci¢n de las instituciones financieras, habr¡amos debilitado esa influencia de la que indebidamente gozan. De cara a la prevenci¢n de futuras crisis, deber¡amos haber exigido una mayor transparencia de las agencias al mismo tiempo que una modificaci¢n de su estructura de comisiones, conforme a la cual les pagan las empresas que quieren que les valoren sus productos. Sin embargo, estas opciones no se han considerado en serio.

Otro ejemplo de reformas financieras cuyo olvido se vuelve en nuestra contra es la entrada en vigor de normas acordadas a escala internacional sobre la quiebra de estados. En la resoluci¢n de la crisis de la deuda soberana europea, uno de los principales obst culos ha sido la negativa de los tenedores de bonos a asumir carga alguna de los ajustes, como si una propuesta de esa naturaleza fuera en contra de las reglas b sicas del capitalismo. Pero lo que ocurre es que el principio de que el acreedor paga las consecuencias de un pr‚stamo fallido, como tambi‚n lo hace el deudor, funciona ya sin restricciones en otros niveles de las econom¡as capitalistas.

Cuando las empresas van a la quiebra, los acreedores tambi‚n tienen que asumir p‚rdidas. La propuesta de aplicar el mismo principio para hacer frente a las quiebras de estados ha existido por lo menos desde los tiempos de la crisis asi tica de 1997. Sin embargo, este punto se ha descartado porque los gobiernos de los pa¡ses ricos, bajo la influencia de sus grupos de presi¢n, no lo aceptar¡an.

Hay otras reformas financieras cuya falta todav¡a no se ha subsanado para acosarnos con saña, pero lo har n en el futuro. La m s importante de ellas es la regulaci¢n de los productos financieros complejos. A pesar del acuerdo generalizado acerca de que estos productos son los que han hecho que la actual crisis sea tan profunda, no hemos hecho pr cticamente nada para regularlos. La eterna canci¢n es que se trata de productos excesivamente complicados de regular. Entonces, ¿por qu‚ no se proh¡ben unos productos cuya seguridad no puede demostrarse de manera convincente, como hacemos con las drogas?

Nada se ha hecho para regular los para¡sos fiscales, que no s¢lo privan a los gobiernos de ingresos sino que tambi‚n dificultan a£n m s la regulaci¢n financiera. Una vez m s, podr¡amos haber acabado de ra¡z o debilitado de manera importante los para¡sos declarando que son ilegales todas las transacciones con empresas registradas en esos pa¡ses que no cumplen con las normas m¡nimas. ¿Y qu‚ hemos hecho para cambiar la estructura perversa de incentivos en el sistema financiero, que ha alentado la asunci¢n de riesgos excesivos? Pr cticamente nada, a excepci¢n de un impuesto casi simb¢lico en el Reino Unido.

Una pol¡tica fiscal apropiada no puede resolver por s¡ sola los problemas que han acarreado consigo la crisis actual. Lo £nico que puede hacer es crear el espacio en el que acometamos las reformas reales, especialmente la financiera. Sin esa reforma no vamos a superar esta crisis de manera satisfactoria ni a evitar otras crisis similares en el futuro.

Ha-Joon Chang es profesor de Econom¡a de la Universidad de Cambridge


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