FIRMAS: Federico Jiménes Losantos, Carlos Cuesta, Raúl Rivero, Santiago González, Raúl del Pozo,
COMENTARIOS LIBERALES
F. JIMÉNEZ LOSANTOS
Un fracaso sindicado
CALIFICAR
de rotundo fracaso la huelga general de funcionarios convocada por los
sindicatos es quedarse corto. Catastrófico, terrorífico, aplastante o
apocalíptico le cuadrarían más. Si un sector que dominan de forma
despótica decenas de miles de liberados sindicales (liberados de
trabajar por la corrupción de todos los gobiernos de todos los partidos)
no se moviliza ante este decretazo, ¿quién se movilizará? Si en
una huelga general de empleados públicos, casi todos con trabajo y
sueldo asegurados, sólo un 10% secunda la huelga, habrá que reducir a la
mitad de la mitad los que se movilizarían en una huelga general, pero
general, general, de las que desde siempre han tenido por función
derribar gobiernos y hasta regímenes.
A nadie se le ocultaba
que este paro de ayer no se limitaba al sector público sino que era un
ensayo general de la tragedia de la Huelga General Política esgrimido
por los sindicatos de clase (de la clase de los que no dan golpe). Y
efectivamente, tragedia hubo, pero fue la del poder sindical, que ha
visto retratada su capacidad real de movilización de la sociedad
española actual: prácticamente nula. En realidad, el supuesto poder
sindical es una entelequia, una superstición, una convención de los
políticos para hacerse la foto y de los medios de comunicación para
hacerse los progres. Es un fracaso sindicado. Si la policía protegiera
la libertad de las personas para trabajar, pocos irían a la huelga. Y en
la situación actual, menos.
Esto no significa que, pese al fracaso total de ayer, los sindicatos no triunfen, sindicados, eso sí, con políticos y periodistas. La Huelga General contra González, éxito de Redondo y Camacho que, precisamente por serlo, demostró su condición de violenta antigualla, absurda en una economía moderna, nunca pudo repetirse. Pero Solchaga decidió comprar su billete a la Moncloa gratis total cambiando la política económica y abonándonos al sindicalismo. Tres millones de parados fue el precio. Contra el decretazo de Aznar, cuyo Gobierno había creado cinco millones de empleos y mejorado mucho el nivel de vida de los trabajadores, la Huelga General de CCOO y UGT fracasó. Pero Aznar no quería líos y Rato quería lo de Solchaga, así que, después de publicarlas en el BOE, anularon sus reformas. Tras el desastre de ayer, la Huelga General supondría el fin de los dinosaurios sindicales. Si políticos y periodistas no se empeñan en resucitarlos.
¡QUIA!
Tal cual
Arcadi Espada
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
"Zapatero ni explica su rectificación ni da una sola cifra que permita entender sus errores de cálculo"
Las razones del descrédito político del Gobierno socialista, y en especial de su presidente, son numerosas pero todas acaban en su lastimosa percepción de lo real. En pocos ejemplos contemporáneos se cumple con tal severidad el diagnóstico que hizo Marx de la ideología como el velo alienante de lo real. El reproche sirve lo mismo para el proceso de reformas estatutarias, la negociación con ETA o la gestión de la crisis económica. Al descrédito, llamémosle técnico, se une ahora un descrédito moral: los ciudadanos observan con una perplejidad, en cualquier caso ya muy astillada, cómo el presidente prescinde de sus aporías ideológicas (aunque no, ciertamente de su instinto adánico, fundador) y anuncia una reforma laboral que durará décadas. Y lo hace sin haberse dirigido a la nación de ciudadanos que le ha dado dos veces la confianza parlamentaria; sin explicar el fundamento y la razón de sus antiguas percepciones y el porqué de la rectificación; sin dar una sola cifra que permita comprender sus voluminosos errores de cálculo; y sin insinuar lo que se esperaría de una calamidad humana similar: su decisión de acometer las urgentes e imprescindibles reformas que eviten la catástrofe y su posterior abandono de la política, ya convencido el presidente Zapatero que la realidad no le merece. Ese abandono, por cierto, no tendría nada de particular ni de dramático: hubo uno que se fue porque había contado hasta ocho; o sea que bien puede irse el otro porque se le hayan abierto al fin los ojos, un mecanismo menos sofisticado que el aritmético. En ausencia de estas explicaciones los ciudadanos descubren que el único motor de la permanencia del presidente, y también, para decirlo en crudo, de que no se le haya caído la cara de vergüenza, es el poder y su despiadada bicicleta, que si se para se cae. En el caso del presidente Zapatero este descubrimiento tiene su importancia, porque siempre se había presentado ante los electores como un hombre ideológico, ajeno al pragmatismo, al que costaba mucho imaginar pronunciando la sentencia inmortal de Marx (y van dos): «Estos son mis principios. Si no le gustan aquí tengo estos otros».
Esta altura de la columna (prodigioso artefacto gallego que sube mientras baja) parecería suficiente para otear el principal mal de España. Pero no. 'One More Thing', que dice el principal filósofo de nuestra era. La carrera del presidente tiene presto un recambio y por lo tanto no habrá de temer el descalabro español. Desande el escéptico la columna y allá en lo alto, donde pone «descrédito», habrá de encontrarse con el asombroso Mariano Rajoy Brey, aquel que nacido realista y honrado lector del 'Marca', ya practica la impostura del Principio Popular.
TIEMPO RECOBRADO
Losey, Don Giovanni y la muerte
Pedro G. Cuartango
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
Hay obras de arte que no sólo resisten el paso del tiempo sino que además nos sobrecogen cada vez que las vemos porque descubrimos nuevos matices que no habíamos percibido. Estoy hablando de 'Don Giovanni', la genial ópera de Mozart filmada por Joseph Losey en 1979. De la unión de la maravillosa música y la fuerza del cine surge un nuevo género que no tiene nombre.
La recreación -que no versión- que hace Losey de la ópera de Mozart comienza con unas oníricas imágenes de Don Giovanni en una fragua donde se templa el vidrio. El fuego simboliza la fuerza de la destrucción de un mundo aristocrático que está a punto de desaparecer, mientras que las imágenes de un mar agitado y oscuro que siguen a esta escena evocan la muerte.
No en vano la obra de Mozart comienza con el homicidio del comendador, que sorprende a Don Giovanni en el lecho con su hija. El seductor atraviesa con la espada al padre de Doña Ana, que promete vengarse del asesino. La naturaleza íntima de Don Giovanni queda retratada en este episodio: es un transgresor del orden que se burla de las normas y no respeta a la autoridad.
"De la unión de la maravillosa música y la fuerza del cine surge un nuevo género que no tiene nombre"
Don Giovanni es un revolucionario que reivindica la libertad en una sociedad hipócrita cuyas reglas desprecia. No es religioso, odia a los nobles y confraterniza con los campesinos. Pero vive para seducir a las mujeres en un peligroso juego en el que siempre lo arriesga todo. No hay conquista sin dificultad, no hay amor sin adversidad, no hay triunfo sin peligro.
En la película de Losey, ahora reeditada en DVD, el hieratismo de Ruggero Raimondi expresa perfectamente ese carácter impasible y narcisista de Don Giovanni, dispuesto a destruirlo todo sólo por el placer de imponer su voluntad. Los edificios de Palladio, las esculturas, las lámparas, las máscaras y las capas venecianas -la impresionante escenografía del realizador- aparecen en el filme como el contrapunto de esta pulsión nihilista.
Creo que se ha menospreciado la importancia del libreto de Lorenzo da Ponte en esta ópera que nos ilustra sobre los difusos límites entre la transgresión, el amor y la muerte. Cuando Don Giovanni seduce a Zerlina, está provocando a su marido para que lo intente matar, al igual que es consciente del riesgo que acarrea seducir a la hija del comendador.
Don Giovanni ama sólo cuando pone en peligro su vida y el propio acto de amar es una forma de muerte. Al final, cuando se le aparece el coloso de piedra para llevarle al infierno, el seductor no dice ni una sola palabra de arrepentimiento. Prefiere arder en el fuego eterno antes que renunciar a una sola de sus conquistas.
El burlador lleva hasta el límite la noción pascaliana de la apuesta porque en el propio riesgo de la transgresión está la compensación. Jugar ya es ganar. Es a través del pecado como Don Giovanni llega a la virtud porque es mucho más difícil ser coherente en la maldad que en el aburrimiento.
CONJETURAS
De gays
Erasmo
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
Madrid veta a homosexuales israelíes en el Día del Orgullo Gay. Tras la definición (gay irlandés: prefiere las chicas a la cerveza), nunca tal 'stravaganzza'. Acaso inconscientes del deslizamiento hacia el fascismo, agigantar lo favorable y ocultar lo adverso: silencio por los cuarenta asesinados en el barco surcoreano torpedeado por Corea del Norte. Y tentativa de 'Hamas' de instalar en Israel un islamismo teocéntrico que ahorca a gays encapuchados y colgados de grúas de la construcción y.
A CONTRAPELO
¿Ensayo general?
Santiago González
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
Se celebraba ayer un tanteo de los sindicatos con vistas a la huelga general, aunque no podamos sacar una conclusión sobre el resultado. Según explicaron Méndez y Fernández, secundó el paro el 75% de los funcionarios convocados. El Gobierno tasó el porcentaje de huelguistas en el 11,85%.
Entre las causas que dividen a los españoles, ésta es una que no ha inventado Zapatero: más que el aborto, más que la negociación con ETA, más que las fosas y Garzón, el factor que define de manera radical las dos Españas es el sistema métrico decimal. Imagínense un gráfico de tarta, con tres cuartas partes coloreadas en rojo. Ahora separen del cuadrante que queda algo menos de la mitad y comparen esa porción con la de tres cuartos. ¿Es posible confundirlas, por muy a bulto que estén hechas las valoraciones? ¿Quién está más acertado?
Ayer vimos que los sindicatos tampoco controlan a los que sí tienen empleo
La coma y las centésimas avalan las estimaciones del Gobierno: un porcentaje precisado hasta las centésimas goza de mucho prestigio científico. ¿Antesala de la huelga general? Ésta es una de esas ocasiones en que el triunfo de una causa merece el calificativo de 'pírrico'. La normalidad en la enseñanza y el transporte públicos también respalda las cifras del Gobierno. Aun en el improbable caso de que la cifra de huelguistas se acercara más a la de los sindicatos, no sería bueno para ellos. Está, ya digo, el sistema métrico: ¿de dónde sacáis los chicos que 24 centímetros es esto? Si el plante de 1.875.000 funcionarios es tan imperceptible, a los sindicatos no les sirve como ensayo para la huelga general, aunque tampoco les impide convocarla y valorar su seguimiento en un 80%, pongamos por caso.
Claro que si eso fuera verdad, nada impediría (y nadie lo iba a notar, salvo la EPA) la amortización de medio millón de empleos públicos, ahora que Zapatero ha cambiado a Keynes por Hayek y se ha convertido en el maestro y precursor de los recortes que practican Merkel y Cameron, según Pajín y José Antonio Alonso.
Creo que fue Álvarez-Cascos quien, en vísperas de la gran huelga general que los sindicatos le hicieron a Felipe González en 1988, advirtió de que «ningún militante de AP (faltaba un mes para su refundación y el nacimiento del PP) será un esquirol el 14-D». Ahora, han tenido que llamar al orden a González Pons por decir: «Si yo fuera funcionario, estaría hoy en huelga». Todo español, incluso si es de derechas, lleva dentro el alma insurrecta de un marinero del 'Potemkin'.
Los sindicatos habían dejado de representar a los trabajadores en paro. Ayer vimos que tampoco controlan a los que sí tienen empleo; mal pagado, pero público y, por lo tanto, estable. La representación de los empresarios por la CEOE, bajo la dirección de Gerardo Díaz Ferrán, es en sí misma una perfecta alegoría de la crisis. ¿Quién en su sano juicio puede creer que la reforma del mercado laboral va a salir del diálogo social entre estos interlocutores?
En fin, cerremos los ojos, crucemos los dedos y a ver cómo la presidencia europea y la crisis española, más ácida y aguda que otras crisis -tal como escribiría Neruda aproximadamente- pasan el examen final de este semestre de balde.
EL RUIDO DE LA CALLE
La jaula de hierro
Raúl del Pozo
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
Por delante de los leones Atalanta y Melanion de Cibeles, enfrente del Banco de España, cruzaron los pendones, gallardetes y banderolas de CCOO y UGT y le quitaron la virginidad de izquierdas a Zapatero. Hubo manifestaciones en toda España «contra la política de derechas». En Barcelona gritaron «¡Huelga general!». El Gobierno da el parte: 11%; los sindicatos dan el suyo: 75%. Llamo a una funcionaria amiga que trabaja en el Complejo Cuzco.
-¿Estás ya delante de la pancarta?
-No, estoy delante del ordenador.
Me cuenta que hubo piquetes a primeras horas de la mañana y que, aunque no hayan seguido la huelga, la mayoría está enfurecida con los sindicatos y con el Gobierno. Ayer fue la primera huelga de una serie para protestar contra un recorte de salarios, cosa que no había sucedido casi nunca.
Siempre tuvieron mala fama los funcionarios e incluso sus protestas y sus sindicatos, a los que tacharon de corporativos y amarillos. Desde que se inventó el cuerpo de escribanos, cuando los verdugos eran funcionarios del Estado, a la gente no le gustaban aquellos enchufados en mula que llegaban a esquilmarlos. Según los escritores de la época, los alguaciles y escribas practicaban el cohecho «sin escribir lo que hurtaban».
El secretario tenebroso que atiende a Kafka en el juzgado, el cagatintas de manguito que le dice a Larra «Vuelva usted mañana» y otros autores han emborronado la figura del empleado público. Kafka, que trabajaba en una oficina de seguros del Reino de Bohemia, los ve como una organización de policías corruptos y jueces mediocres junto a un séquito infinito de ujieres estúpidos. «¿Cómo evitar la corrupción de los funcionarios?», se pregunta. «Es imposible», se contesta. Ni siquiera el juez del Tribunal Supremo sería capaz de conseguirlo por sí mismo». Ve al Estado como una jaula que busca a los pájaros.
Hoy la Administración nada tiene que ver con aquella banda corrupta de chupatintas grotescos ni con la jaula de hierro de Weber. Hay en la nómina pública eminencias en el quirófano, catedráticos sabios, policías lúcidos y valientes bomberos con sueldos casi de mileuristas. El sistema nacional de salud, la enseñanza, la seguridad, la defensa, están en manos de funcionarios mal pagados.
Ha llegado la hora de las rebajas para los que desempeñan un oficio público, que antes se veía como un trabajo para toda la vida. En toda la UE se va a reducir el tamaño de la burocracia. A los gobiernos que están en el poder les va a tocar reducir el Estado y, aunque no lo digan, el Estado de Bienestar.
Pero los chanquetes no son responsables de lo que hiciera Leviatán y ayer empezaron a sublevarse. Los que rodearon a Cibeles ya no eran del Madrid. Eran las banderas rojas que protestaban contra la política del Gobierno.
DECADENCIAS
Sá-Carneiro, bordes de abismo
Luis Antonio de Villena
Publicado el Miércoles, 9 de junio de 2010
Mário de Sá-Carneiro (1890-1916) pasa, con justa razón, por ser uno de los grandes escritores del Portugal moderno. Aunque fue amigo de Fernando Pessoa y uno de los iniciadores de la vanguardia con el grupo de la revista 'Orpheu', no debe su notoriedad ni su estilo a la sombra -tan alargada- del autor de los heterónimos. Apasionado, inconforme, inestable, Sá-Carneiro se forjó en el modernismo (y singularmente en el decadentismo) para alcanzar la modernidad. Vivió una vida que buscaba los límites -de la sexualidad, de los estimulantes y del yo- y terminó en París, suicidándose en un hotel de Montmartre, ingiriendo cinco frascos de arseniato de estricnina, a punto de cumplir los 26 años.
Hoy se le recuerda más como poeta innovador (aunque buena parte de su producción poética se publicó póstuma), pero se inició como prosista y alcanzó a publicar una de las primeras novelas nuevas en portugués: 'La confesión de Lucio' en 1913. Pero un año antes había publicado cuentos y novelas cortas que dejan ver no sólo sus obsesiones sino la raíz de su mundo turbulento, en la imagen -decadente- del artista singular y transgresor.
"Apasionado, inconforme, inestable, Sá-Carneiro se forjó en el modernismo (y singularmente en el decadentismo) para alcanzar la modernidad"
Dos de esas novelas cortas o cuentos acaban de aparecer en dos editoriales jóvenes españolas, y sus títulos ya dicen mucho de lo que son: 'Locura' (Ediciones Menoscuarto, Palencia) e 'Incesto' (Gadir Editorial, Madrid). La primera -escrita en 1910- narra la historia, contada por un amigo, Raúl Vilar, un escultor desequilibrado y genialoide, de fuerte personalidad, que dice tener «horror de la vida» y termina cincelando la estatua de un maravilloso desnudo femenino, para librar a la belleza de la podredumbre y perdición del tiempo. Intenta desfigurar a su esposa para amar lo que no es belleza (la deformidad, la cicatriz horrible), mientras la pura e inmutable belleza queda a salvo en el arte. Ella logra escapar y él se suicida ante el fracaso. No por caminos muy opuestos anda 'Incesto' -escrita en 1912-, historia del dramaturgo Luís de Monforte, viudo y lleno de éxito, que mima y cuida a su única hija Leonor. Cuando ésta muere tísica, a punto de casarse con un caballerete apuesto, el padre, desesperado, termina casándose con una danesa porque se parece muchísimo a esa hija fallecida, dándose cuenta, con pavor, de que en realidad busca carnalmente («se convulsionaba en violentos éxtasis») a su hija misma. Lleno de visiones, pesadillas y una sexualidad ardorosa en la que siempre ve a la hija, Luís decide matar a la mujer que produce esos equívocos o arrebatos, pero al fin se suicida arrojándose a un pozo.
Más lograda y aún más renovadamente literaria que la anterior, ni 'Locura' ni 'Incesto' son en absoluto melodramas. Son imágenes (con fondo claramente autobiográfico) de artistas al borde de un abismo, que no pueden separar arte, lujuria y muerte -como muy bien supo Mario Praz-, los ingredientes básicos del puro decadentismo, que sin embargo Sá-Carneiro logró superar (sin evitar sus raíces) camino a un despertar vanguardista que tampoco se cerraba ni a la inseguridad ni a los excesos.
Prosa refinada y renovadora, temas de origen simbolista y la pasión de un hombre al límite reflejada en varios espejos. Eso fue Mário de Sá-Carneiro, exceso y abismo. El mismo que escribió en uno de sus poemas finales: "'De repente mi vida/ por la cuneta se perdió.../ Mejor dejarla tranquila/ en el fondo de un cajón...'"
Etiquetas: Firmas






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