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Sexo y matrimonio en las sociedades preindustriales

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Genaro Chic Garcia

<genarochic@yahoo.es>
Archivos adjuntos 22 de junio de 2010 08:43
Para: "“Pablo Rodríguez Alberich\"" <fearuth@gmail.com>
 

SEXO Y MATRIMONIO EN SOCIEDADES PREINDUSTRIALES

 

J.A. FERNÁNDEZ DE ROTA MONTER, "El moceo en Galicia: Un análisis comparativo", Cultura y sociedad en Murcia, Murcia, 1993, pp. 246-248 y 250-253  [243-255].

             Hasta aquí un resumen de mi estudio referente a la zona de Monfero. Las referencias bibliográficas nos permiten completar este estudio local con el siguiente panorama geográfico e histórico. La costumbre de cortejar por la noche en cama, vestidos mozo y moza, queda atestiguada en diferentes autores para amplias áreas de Europa. En concreto tenemos referencias abundantes sobre su práctica en Escandinavia y en otras zonas del Báltico y en buena parte de Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña, Ucrania y zonas de Suiza especialmente los Alpes. La costumbre también pasó, con los campesinos emigrantes, a América del Norte donde era practicada en el siglo XIX en New England.

 

            En los países anglosajones solía hablarse de esta costumbre como del «night court» (cortejo nocturno), una forma específica de realizarlo era el llamado «bundling». Se tenía preparado para ello un envoltorio del tipo saco de dormir, dividido en dos por una tabla cosida. Mozo y moza quedaban abrigados, pero separados por la tabla que destacaba en dureza, la característica de acostarse vestidos, típica de la costumbre. Sin llegar a esta férrea separación se daba también la costumbre de que el mozo se acostase encima de la manta y la moza por debajo de ella. En ciertos cantones suizos, recibía el nombre de «aberdzi», con el que se hacía referencia tanto al mozo recibido nocturnamente, como al «jubón de castidad» que ésta se ponía al recibirlo. En la Suiza de habla alemana, recibía el nombre de «kiltgang» (visita nocturna). Veamos la descripción que hace de ella un autor tan conocido como Van Gennep: «Esta costumbre que está abiertamente aprobada por el conjunto de la juventud de la aldea y por las familias interesadas, consiste en que la moza, algunas noches, de ordinario los sábados, abre la ventana o la puerta de su dormitorio, o del dormitorio común a las mozas de la casa, sucesivamente a sus diversos galanes. El preferido del día se acuesta junto a ella, completamente vestido o desvistiéndose parcialmente, y sin que se llegue, en principio, a hacer el amor. La noche se pasa hablando de los acontecimientos que se han producido en la aldea, durmiendo en brazos el uno del otro hasta el albor, entonces el mozo vuelve a su casa o marcha a su trabajo. Es la moza la que decide qué galanes recibirá sucesivamente en su cama, galanes que no son necesariamente aquellos entre los que elegirá su novio definitivo. El kiltgang no es ni un emparejamiento de ensayo, ni la obtención para el galán de un derecho preferencial de matrimonio. Por otra parte no se practica más que entre mozos y mozas de una misma aldea, raramente incluso de toda una parroquia»[1]. La semejanza de su descripción con la que yo he dado acerca de una zona gallega es evidente.

 

            Tratemos a continuación de destacar en síntesis, algunas de las características semejantes y más significativas que encontramos en las descripciones de esta costumbre en distintas regiones. En primer lugar por lo dicho hasta aquí, podíamos definir la costumbre por su característica común de visitar el mozo a la moza de noche y permanecer largas horas con ella en la cama, pero dejando en claro que el vestido —al menos— debía garantizar que no se realizaría el acto sexual. Las cifras de hijos ilegítimos en el Siglo XVIII, son en general muy bajas en el campesinado europeo, incluso en algunas zonas de las que consta la existencia de ésta o muy precida costumbre, hablan de un 1 o 2% tan sólo de nacimientos ilegítimos. Podemos decir por tanto, que los intentos de prevenir las relaciones sexuales y sus posibles consecuencias eran en esta época eficaces.

 

            Esta eficacia se debía al control que la pequeña comunidad aldeana era capaz de ejercer sobre sus miembros. La misma comunidad que permitía de forma manifiesta la costumbre o disimulaba permisivamente, imponía condiciones formales que dejaban bien claro en todo momento que la permisividad se hacía en el seno de una normativa conjunta impuesta. El moceo se hacía así en los días expresamente permitidos y debiendo permanecer vestidos de acuerdo con una concreta normativa o defendidos con prendas especiales reglamentarias.

 

            ¿A dónde llegaba el mozo a través de la ventana? También parece con cierta frecuencia, que se llegaba a una pieza colectiva de la vivienda. En no pocas ocasiones a un pajar o granero o una habitación en la que dormían las solteras de la casa. En algunos casos como el de Galicia, que expuse, el «sobrado» o piso superior no tenía divisiones con lo que toda la familia vivía en la misma pieza. De esta forma la aparente clandestinidad era conocida y seguida de cerca. En realidad las parejas, en varios de los relatos bibliográficos a que aludo, no parecen sentirse embarazadas por la presencia de un tercero, compañero del mozo o hermana de la moza, aún en los casos de que tuviese una habitación privada.

 

            Si la habitación no solía o no tenía por qué ser privada, tampoco lo era en muchas ocasiones la cama. En Galicia era muy frecuente el que durmiesen 2 o 3 personas del mismo sexo en una misma cama. A nivel hiperbólico incluso se hace referencia a alguna casa donde la cama era compartida por 7 hermanas. De esta forma no son raras las narraciones humorísticas en las que se cuenta cómo dos amigos mocearon en la misma cama con dos hermanas, o del mozo que al entrar en la habitación y dirigirse a la cama, se encontró en ella no con la moza, sino con la compañera de cama habitual de ésta, su vieja tía-abuela.

 

            Este tipo de consideraciones nos permiten ahondar en otra de las coordenadas fundamentales para la comprensión de esta costumbre. Aunque como dije, tenemos datos sobre la existencia de estas costumbres en el siglo XVIII, la mayoría de las referencias de que dispongo, nos hablan del siglo XIX. Nuestro conocimiento por otra parte, acerca de la vivienda campesina y de su mobiliario, así como de otras costumbres, pueden permitirnos algunas reflexiones. Pensemos por ejemplo que a mediados del siglo XVIII, la mayoría de las casas en las amplias áreas europeas a que he hecho referencia, tenían una sola planta en la que habitaban en estrecha cercanía los animales y las personas. El sitio de dormir podía ser en muchos casos, una plataforma de madera apta para almacenar la paja o hierba seca, levantada sobre el establo o como hemos indicado en algún caso, el granero. De esta forma la mayor parte de los miembros de la familia dormían juntos sobre el heno, buscando unos el calor de los otros y aprovechando el calor de los animales y de su estiércol. Las grandes camas comunes, eran frecuentes entre la aristocracia en la baja Edad Media y han debido ser el sustituto en casas labriegas acomodadas, del lecho colectivo de paja o hierba sobre la plataforma. Por supuesto también van entrando acá o allá ciertos lujos como las llamadas en Galicia «alcobas» o en Francia «camas bretonas», especie de armarios en cuyo interior hay un lecho al que se entra por una ventana que queda después cerrada. Ordinariamente dormirán en ella los viejos patronos de la casa, pero quizá también se apretujen a su calor dos o tres miembros de la familia. Las camas más pequeñas o individuales, cuando hacen su entrada no suponen al parecer una ruptura con esta forma de entender las cosas. Muchas de mis conversaciones con gallegos actuales, con referencia a su vida hace más de cuarenta años, parecen indicar de ordinario que sus hábitos de educación ambiental les llevaban a sentir un cierto rechazo por dormir solos en una cama.

 

            Posiblemente el cristianismo haya jugado parte importante en una paulatina transformación de costumbres que se difundieron con mayor lentitud por las zonas rurales. Así la regla de San Benito recomendaba a sus monjes que se acostaran totalmente vestidos en una cama individual. Conozco al menos algunas referencias de visitadores de conventos de la Baja Edad Media, que seguían aún insistiendo en los Monasterios, en que cada fraile durmiese en una cama, en vez de dormir de dos en dos o de tres en tres [para evitar las tentaciones sexuales].

 

            Con esta nueva luz, la costumbre de mocear en la cama tan ampliamente practicada en tiempos en Europa, sólo puede parecer extraña desde la óptica de nuestros actuales hábitos y costumbres, después de haberse producido profundas transformaciones en la tradición europea, en lo referente a la organización del espacio doméstico y la situación corporal de los miembros de la familia en él para descansar. Los practicantes de nuestra costumbre habían asumido como elemento moral preventivo el estar ambos vestidos o incluso reforzar el vestido con importantes cautelas. Todo ello dentro de una normativa y control social colectivos de gran eficacia de cara al buen funcionamiento de la institución familiar en la comunidad. No parecía haber en cambio ningún inconveniente en el hecho de acostarse en el granero o compartir la cama. Realmente podían ser más problemáticos otros sitios, como el apartado molino, los largos caminos para ir o venir a fiestas o ferias, los escondrijos entre vallas y dependencias auxiliares, los trabajos en el monte, etc. Pocos sitios tan seguros en principio para domesticar y controlar la fogosidad juvenil, como la cama compartida en el seno de la vivienda familiar.

 

            ¿Cuándo fue desapareciendo esta costumbre? Parece que a mediados del siglo XIX empieza a extinguirse en la mayor parte de Europa y Norteamérica [con el desarrollo de la tendencia individualizadora que acompaña a la sociedad industrial]. Es decir el momento general del hundimiento de la costumbre viene a coincidir con las décadas en que las tasas de hijos ilegítimos empiezan a dispararse en toda Europa. De una o de otra forma las defensas y control de la colectividad en esta materia se desmoronan. En ciertos puntos aquí o allá debió de conservarse deteriorada esta manera de hacer. Al menos así sucedió en la zona que yo he estudiado de Galicia —y algunas más de las que tengo referencias— hasta los años cuarenta. Está claro por los datos que daba al principio, que su eficacia evitadora del acto sexual y sus consecuencias, se había perdido. Sin embargo su estructura deteriorada y transformada seguía manteniendo un cierto tipo de eficacia. Dentro de aquellas parroquias no se hacía mucho problema por el que alguien pudiese casar con una soltera que tenía hijos de otro hombre. La estrategia matrimonial dentro de este nuevo marco permisivo podía resultar interesante para las casas. Es más, incluso se conseguía un cierto número de maridos para sus mozas, provenientes de parroquias limítrofes donde esta costumbre no se practicaba. A principios de los años cuarenta de nuestro siglo, la costumbre como hecho colectivo de estas parroquias, va a desaparecer tan sólo en dos o tres años. Aparte de otros importantes cambios [el enorme poder de la Iglesia tras la guerra entre ellos], la mejora de comunicaciones facilitaba la venida de galanes de parroquias más alejadas atraídos por la pintoresca costumbre, pero que difícilmente se casaban con las mozas cortejadas de la parroquia

 



[1] Van Gennep Manuel du folklore français contemporain. T.I.I. pp. 260-61. 10.    Caspard (1974).


 

 

Genaro Chic García

http://www.genarochic.tk/


Foro: http://prestigiovsmercado.foroes.org/forum.htm


Tfno. 954 62 58 88
        669 41 51 74


¿Y qué es peor que una crítica? - La crítica constructiva. La gente nunca te lo perdonará (Eliyahu M. Goldratt, La meta, Madrid, 1993, p. 251)




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Ignacio Darnaude Rojas-Marcos

<ummodei98@gmail.com>
Archivos adjuntos 22 de junio de 2010 14:21
CCO: ummo@hispavista.com
---------- Forwarded message ----------
From: Genaro Chic Garcia <https://mail.google.com/mail/h/1wvlreovu6u44/?v=b&cs=wh&to=genarochic@yahoo.es>
Date: Tue, 22 Jun 2010 06:43:35 +0000 (GMT)
Subject: Sexo y matrimonio en las sociedades preindustriales
To: "“Pablo Rodríguez Alberich\"" <https://mail.google.com/mail/h/1wvlreovu6u44/?v=b&cs=wh&to=fearuth@gmail.com>



SEXO Y MATRIMONIO EN SOCIEDADES PREINDUSTRIALES

J.A. FERNÁNDEZ DE ROTA MONTER, "El moceo en Galicia: Un análisis
comparativo", Cultura y sociedad en Murcia, Murcia, 1993, pp. 246-248
y 250-253  [243-255].
            Hasta aquí un resumen de mi estudio referente a la zona
de Monfero. Las referencias bibliográficas nos permiten completar este
estudio local con el siguiente panorama geográfico e histórico. La
costumbre de cortejar por la noche en cama, vestidos mozo y moza,queda
atestiguada en diferentes autores para amplias áreas de Europa.En
concreto tenemos referencias abundantes sobre su práctica en
Escandinavia y en otras zonas del Báltico y en buena parte de
Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña, Ucrania y zonas de Suiza
especialmente los Alpes. La costumbre también pasó, con los campesinos
emigrantes, a América del Norte donde era practicada en el siglo XIX
en New England.

           En los países anglosajonessolía hablarse de esta costumbre
en una paulatina transformación de costumbresque se difundieron con
--
Ignacio  Darnaude  Rojas-Marcos
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