Jueves, 28 de septiembre de 2006
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OPINIÓN

EL RECUADRO
Las lomas tienen espinos
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La de artículos hechos que me da el Ave... Hay que poner en alta velocidad el consejo del clásico al escribiente: «Procura que la inspiración te coja sentado». Sentado en tu vagón del Ave te llega inmediatamente la inspiración. De alta velocidad. Mi compadre Alfonso Ussía y servidor tendríamos que entregar una solemne placa de plata a los gestores del Ave: «Los articulistas españoles, agradecidos al Ave por la cantidad de jornales que nos da a ganar». Simplemente mirando por la ventanilla. Porque miro desde la ventanilla del Ave y me acuerdo del nombre de un escritor sevillano y del título de una de sus novelas.

El escritor es el olvidado Domingo Manfredi Cano. De Aznalcázar, buena gente, gran aficionado al flamenco, gran sabedor de las cosas de Andalucía, comisario de Policía y periodista, y que en la madurez de su carrera profesional pudo establecerse en su tierra sevillana, como director del Centro Emisor del Sur de Radio Nacional, donde estuvo una pila buena de años, hasta que RTVE lo mandó de corresponsal a Lisboa, en vísperas de la Revolución de los Claveles.

Manfredi es autor de una larga serie de libros: novelas, cuentos, ensayos, estudios divulgativos. Fue premio municipal Ciudad de Sevilla con su novela La rastra. Olvidado premio, precedente del Fernando Lara y del Ateneo de Sevilla, que se convocaba para poesía y para novela, y que ganaron Rafael Montesinos o Gerardo Diego con El Jándalo. Manfredi fue un gran estudioso del cante, cuando los intelectuales lo despreciaban. Inventarió los fandangos de Huelva mucho antes que El Raya. Y mucho antes que Ricardo Molina su Mundo y formas del cante flamenco, él publicó su utilísima Geografía del cante jondo, que bien merecería una reedición a cargo de los siete mil organismos de la Junta donde cuarenta mil paniaguados se las buscan por cante.

Mas el libro de Manfredi que me ha recordado la visión desde el Ave es su gran novela sobre la guerra civil en Sevilla y en Andalucía: Las lomas tienen espinos (Barcelona, Caralt, 1955). Narración de singular valor histórico. Relato de la experiencia de Manfredi en la guerra: narra la batalla de la Plaza Nueva de Sevilla del 18 de julio de 1936, con la toma de la Telefónica y del Gobierno Civil, desde la visión de un soldado que está allí pegando tiros. Ese soldado era Domingo Manfredi, que estaba haciendo el servicio militar no recuerdo si en Soria 9 o en Granada 34, en un regimiento de la guarnición.

Los espinos de las lomas del título de Manfredi son las alambradas de las trincheras en los desconocidos frentes de la guerra civil en Andalucía: Lopera, Castro del Río, Peñarroya... (Ahora que hacen arqueología bélica en el frente de Lopera y restauran trincheras, pozos de tirador y nidos de ametralladoras, glorifican a las Brigadas Internacionales... que fueron las derrotadas en Lopera por el heroísmo de los carlistas sevillanos del Tercio Virgen de los Reyes y jerezanos del Tercio de la Merced).

El Ave pasa por estas lomas de las provincias de Jaén y Córdoba, un día línea del frente andaluz. Las lomas siguen teniendo espinos. Aparte de los espinos de la manipulación de la verdad bélica en Lopera, los tienen porque desde el Ave descubres que todo el campo está cercado, vallado. Hasta la más escarpada sierra tiene su alambrada. ¿Quién puede pasear libremente por el campo? Nadie. Todo es como en la vieja sevillana rociera de los hermanos Reyes: «Cerraron los cancelines».

Como ejemplo de lo imposible se decía: «Esto es como poner puertas al campo». Se ha logrado lo imposible: a todo el campo andaluz le han puesto puertas, y alambradas, y cancelines. Y espinos en las lomas, hermosas ya con la granazón del otoño.



 
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