martes 19 de mayo de 2009

El Mensaje Enterrado



Investigaciones efectuadas por J.J. Benítez

Apariciones “post mortem” del Maestro:

9 de abril (año 30)
Primera aparición:


Poco antes del alba. Huerto de José de Arimatea (proximidades de Jerusalén). Testigos: María, la de Magdala, y otras cuatro mujeres. Observan a un “hombre” con ropas nevadas y el rostro, los cabellos y los pies como el cristal. Reconocen la voz del Maestro. Cuando la Magdalena intenta abrazarlo, el Resucitado se lo impide y le dice: “No soy el que has conocido en la carne”. Duración: alrededor de cinco minutos.

Segunda aparición:

Hacia las 9:35 horas. También en la plantación del anciano de Arimatea. Único testigo: María, la de Magdala. Describe al resucitado como un “extranjero con túnica y manto nevados. Reconoce la voz de Jesús. Duración: segundos.

Tercera aparición:

Hora sexta (medio día). Betania, muy cerca de Jerusalén. Jardín de la hacienda de la familia de Lázaro. El resucitado se presenta ante Santiago, su hermano. El testigo no reconoce al maestro, pero sí su voz. El “hombre” le habla de ciertos sucesos que debían producirse, pero Santiago se niega a desvelarlos. Años más tarde, algunos asocian esa revelación con la muerte de Santiago, ocurrida en el año 62 de nuestra era. El Resucitado desaparece súbitamente. Duración: de tres a cuatro minutos.

Cuarta aparición:

Hora “nona” (15 horas). También en la aldea de Betania. Umbral de una de las estancias de la casa de Lázaro. Veinte testigos. Entre otros, la familia de Lázaro, David Zebedeo (hermanos de los Zebedeo), Salomé (madre de los Zebedeo), María (madre de Jesús), Santiago (hermano del Resucitado) y la Magdalena. Esta vez los testigos reconocen al Resucitado. Se trata –dicen- de un hombre de carne y hueso. Desaparece súbitamente. Duración: segundos.

Quinta aparición:

16:15 horas aproximadamente. Interior de la casa de José de Arimatea (Jerusalén). Testigos: María la de Magdala y veinticuatro mujeres. Sienten primero una clara sensación de frío. “Como una corriente de viento helado”. El Maestro aparece de pronto en el centro del corro que forman las hebreas. Es un hombre de carne y hueso. El Resucitado reivindica el papel de la mujer en la difusión de la buena nueva. “Vosotras –dice- también estáis llamadas a proclamar la liberación de la humanidad por la buena nueva de la unión con Dios… Id por el mundo entero anunciando este mensaje y confirmad a los creyentes en la fe.” La “presencia” se extingue.
¿Mujeres proclamando la buena nueva? ¿Mujeres al mismo nivel que los hombres? Pedro y el resto –inmersos en una sociedad machista en el que la mujer quedaba relegada a un segundo plano- no podían aceptarlo. El suceso fue censurado. Duración: entre uno y dos minutos.

Sexta aparición:

16:30 horas (Jerusalén). Interior de la casa de Flavio, antiguo conocido de Jesús. Testigos: más de cincuenta griegos, seguidores de las enseñanzas del Maestro. Aparición repentina. El “hombre” les pide que igualmente salgan al mundo y proclamen la buena nueva. “Dentro del reino de mi Padre –les comunica- no hay ni habrá judíos ni gentiles. Aún cuando el hijo del hombre haya aparecido en la Tierra entre judíos, traía su ministerio para todos los hombres.” Desaparición fulminante. Duración: poco más de un minuto.

Séptima aparición:

Alrededor de las 18 horas. En el camino de Jerusalén a Ammaus (entre cinco y seis kilómetros de la Ciudad Santa). Testigos: los hermanos Cleofás y Jacobo, pastores. Un “hombre” les sale al encuentro. No reconocen al Maestro. Tampoco su voz. El “hombre” les habla, recordándoles que el reino anunciado por Jesús no es de este mundo y que todos los humanos son hijos de Dios”. El “hombre” entra en la casa de los pastores, se sienta a la mesa y trocea el pan. Tras bendecirlos, desaparece. Duración: una hora y media aproximadamente.

Octava aparición:

20:30 horas. Patio a cielo abierto en el hogar de los Marcos, en Jerusalén. Testigo: Simón Pedro. Un “hombre se presenta de pronto frente al desmoralizado discípulo. El pescador no lo reconoce, pero sí su voz. El Resucitado, entre otras cosas le dice: “Prepárate a llevar la buena nueva a aquellos que se encuentran en las tinieblas.” Pasean recordando el pasado y hablando del presente y del futuro. Desaparición igualmente súbita. Duración: más de cinco minutos.

Novena aparición:

21:30 horas. Planta superior de la casa de Elías Marcos, en Jerusalén. Testigos: el cabeza de familia, José de Arimatea y diez de los once discípulos (faltaba Tomás). Puertas cerradas y atrancadas. Aparece un “hombre luminoso”. Nadie reconoce al Maestro. Duración: segundos.

11 de abril
Décima aparición:


Poco antes de las ocho horas. Interior de una de las sinagogas de Filadelfia (actual ciudad de Ammán). Testigos: Lázaro y más de ciento cincuenta seguidores del Maestro. La reunión tenía por objeto difundir la última noticia procedente de Jerusalén sobre la resurrección de Jesús. Cuando Lázaro y Abner, el jefe de aquellos creyentes, se disponían a hablar, un “hombre” surgió de la nada a escasos pasos de los oradores. Tampoco lo reconocieron. El Resucitado dijo: “La paz sea con vosotros… Ya sabéis que tenéis un solo Padre en el cielo y que únicamente existe un evangelio (mensaje) del reino: la buena nueva del regalo de la vida eterna que los hombres reciben por la fe. Al gozar de vuestra fidelidad al mensaje, rogad a Dios para que la verdad se extienda en vuestros corazones con un nuevo y más bello amor hacia vuestros hermanos. Amad a todos los hombres como yo os he amado y servidles como yo os he servido.

Recibid en vuestra comunidad, con gran comprensión y afecto fraternal, a todos los hermanos consagrados a la divulgación de la buena nueva. Sean judíos o gentiles. Griegos o romanos. Persas o etíopes. Juan predicó el reino por adelantado. Vosotros, la fuerza del mensaje. Los griegos anuncian ya la buena nueva y yo, en breve, voy a enviar al Espíritu de la verdad al alma de todos estos hombres, mis hermanos, que han consagrado sus vidas a la iluminación de sus semejantes, hundidos en las tinieblas espirituales. Todos sois hijos de la luz. No tropecéis en el error de la desconfianza y la intolerancia. Si, gracias a la fe, os habéis elevado hasta amar a los no creyentes, ¿no deberíais igualmente amar a vuestros compañeros creyentes de la gran familia de la fe? Recordad que, según améis, todos los hombres reconocerán que sois mis discípulos. Marchad, pues, por todo el mundo, anunciando la buena nueva de la paternidad de Dios y de la hermandad de los hombres. Hacedlo con todas las rezas y naciones. Sed prudentes para escoger los métodos para la divulgación de estas verdades. Habéis recibido gratuitamente este mensaje del reino y gratuitamente lo entregaréis. No temáis, yo estaré siempre con vosotros, hasta el fin de los tiempos. Os dejo mi paz…”

Dicho esto, el “hombre” desaparece. Duración: alrededor de tres minutos.

16 de abril
Undécima aparición:


18 horas. Casa de los Marcos, en Jerusalén. Piso superior. Puertas atrancadas. Testigos: los once discípulos. Como salido de uno de los muros se presenta un “hombre” de carne y hueso. Todos lo reconocen. Es Jesús de Nazaret. El Resucitado ordena que salgan al mundo y anuncien la buena nueva: “Os envío, no para amar las almas de los hombres, sino para amar a los hombres. Sabéis por la fe que la vida eterna es un don de Dios. Cuando tengáis más fe y el poder de arriba haya penetrado en vosotros, no ocultaréis vuestra luz. Vuestra misión en el mundo se basa en lo que he vivido con vosotros: una vida revelando a Dios y en torno a la verdad de que sois hijos del Padre, al igual que todos los hombres. Esta misión se concretará en la vida que haréis entre los hombres, en la experiencia afectiva y viviente del amor a todos ellos, tal y como yo os he amado y servido. Que la fe ilumine el mundo y que la revelación de la verdad abra los ojos cegados por la tradición. Que vuestro amor destruya los prejuicios engendrados por la ignorancia. Al acercaros a vuestros contemporáneos con simpatía comprensiva y una entrega desinteresada, los conduciréis a la salvación por el conocimiento del amor del Padre. Los judíos han exaltado la bondad. Los griegos la belleza. Los hindúes la devoción. Los lejanos ascetas, el respeto. Los romanos la fidelidad. Pero yo pido la vida de mis discípulos. Una vida de amor al servicio de sus hermanos encarnados.”

El Resucitado alza los brazos. Las mangas de la túnica resbalan y muestra a Tomás la piel tersa, sin huellas de las heridas. Y le dice: “A pesar de que no veas ninguna señal de clavos, ya que ahora vivo bajo una forma que tu también tendrás cuando dejes este mundo, ¿Qué les dirás a tus hermanos?”

El “hombre” se distancia, camina hacia uno de los muros y desaparece. Duración: cuatro minutos.

18 de abril
Duodécima aparición:

Poco después de las 20 horas. Residencia de Rodán, en Alejandría (Egipto). Otro de los seguidores de Jesús. Testigos: ochenta griegos y judíos. Un “hombre aparece ante los allí reunidos y les dice: “…El padre me ha enviado para restablecer algo que no es propiedad de ninguna raza, nación, ni tampoco de ningún grupo especial de educadores o predicadores. El mensaje del reino pertenece a judíos y gentiles, a ricos y pobres, a hombres libres y esclavos, a mujeres y varones, incluso a los niños…

¡Prestad atención! Esta buena nueva no debe ser confiada exclusivamente a los sacerdotes.

…Id pues, y predicad esta gran noticia.”

El hombre se esfuma. Dos días después (20 de abril, jueves), un correo llega a Alejandría con la noticia de la resurrección.

Rodán y su gente ya lo sabían. Duración de la presencia: dos minutos

21 de abril
Decimotercera aparición:


Poco después del amanecer (6 horas). Playa de Saidán, en el lago de Tiberíades. Testigos: diez de los discípulos (faltaba Simón, el zelota) y el joven Juan Marcos. Un “hombre” se presenta en la orilla del lago. Las embarcaciones tripuladas por los discípulos se aproximan a la costa. El hombre indica a los testigos la presencia de un banco de peces (tilapias). Llenan las redes y regresan. Muy cerca, Juan Zebedeo intuye que aquel “hombre” es el Maestro. Simón Pedro se lanza al agua y nada hacia la orilla. El “hombre” los invita a comer algunos de los pescados. Todos lo reconocen. El “hombre” se niega a comer. Pasea con los discípulos por la playa. Lo hace con una pareja a la vez. Al caminar junto a Andrés, el Resucitado, sutilmente, le anuncia la muerte de Santiago (hermano de Jesús): “…Cuando tus hermanos se dispersen como consecuencia de las persecuciones, se un sabio y previsor consejero para Santiago, mi hermano por la sangre, ya que tendrá que soportar una pesada carga, que su experiencia no le permite llevar”. La muerte de Santiago, según parece, se produjo treinta y dos años después (62 de nuestra era). Santiago de Zebedeo, hermano de Juan David moriría en el 44. Duración cuatro horas.

22 de abril
Decimocuarta aparición:

Hora sexta (medio día). Monte de la ordenación (hoy llamado de las bienaventuranzas). Al norte del mar de Tiberíades. Testigos: los once discípulos. Un “hombre” surge de pronto en la cima. Es Jesús de Nazaret. Impone sus manos sobre las cabezas de sus íntimos y conversa con ellos. Duración: una hora.

Decimoquinta aparición:

Hora “nona” (15 horas). Playa de Saidán. Testigos: los once discípulos, el joven Juan Marcos, María (madre de Jesús), parte de la familia de los Zebedeo y alrededor de quinientos vecinos de las aldeas próximas. El resucitado aparece, la gente retrocede asustada. Duración: unos quince segundos.

5 de mayo
Decimosexta aparición:


Hacia las 21 horas. Patio a cielo abierto en la casa de Nocodemo, en Jerusalén. Testigos: el anfitrión, los once discípulos y alrededor de setenta seguidores del Maestro. Un “hombre” se presenta de improviso. Todos lo reconocen. Jesús les dice: “…He aquí el grupo más representativo de creyentes, embajadores del reino, discípulos, hombres y mujeres, al que me he aparecido desde que me liberé de la carne. Os recuerdo ahora lo que anuncié tiempo atrás: que mi estancia entre vosotros terminaría. Os manifesté que tendría que volver junto al Padre. También os expuse como los sacerdotes principales y los líderes de los judíos me entregarían para ser condenado a muerte. Pero también os dije que me levantaría del sepulcro. Entonces, ¿cuál es la razón para vuestro desconcierto?... Desde el primer momento de mi estancia entre vosotros os enseñé que mi único fin era revelar a mi Padre en los cielos a sus hijos en la Tierra. He vivido esta encarnación para que podáis acceder a ese conocimiento de ese gran Dios. Os he enseñado que Dios es vuestro Padre y vosotros sus hijos…”

El “hombre” desaparece. Duración: cuatro minutos.

13 de mayo
Decimoséptima aparición:


Hacia la décima (16 horas). Cerca del pozo de Jacob (ciudad de Sicar, en Samaria). Testigos: alrededor de setenta y cinco samaritanos, fieles seguidores del Maestro. Todos lo reconocen cuando se presenta ante ellos.

“Ya no deberíais adorar a Dios –les dice-en el monte Gerizim o en Jerusalén, sino allí donde os encontréis. Allí donde estéis…”
Duración: tres minutos.

16 de mayo
Decimoctava aparición:


Poco antes de las 21 horas. Cuidad de Tiro (costa de Fenicia, actual Líbano). Entre cincuenta y cien testigos, todos paganos y seguidores de las enseñanzas del Maestro. Se presenta un “hombre” normal y corriente. Entre otras cosas el Resucitado dice: “…No os confundáis. Que los muertos resuciten no constituye la buena nueva del reino. Estas cosas son solo el resultado, una consecuencia más, de la fe en el mensaje. Forma parte de la buena nueva y de la sublime experiencia de aquellos que, por la fe, se convierten en hijos de Dios, pero recordad, no es el mensaje.”Duración: entre cuatro y cinco minutos.

18 de mayo (jueves)
Decimonovena aparición:


6:30 horas. Estancia superior de la casa de Elías Marcos (Jerusalén). Testigos: los once discípulos, María Marcos y Rode (una sirvienta). Cuando se disponen a desayunar, un “hombre se presenta ante ellos. Es el Maestro. Jesús hace alusión a Judas “…ya no está con vosotros porque su amor se enfrió y porque os negó su confianza. ¡Confiad, pues, los unos en los otros!” Acto seguido, camina hacia la salida, dirigiéndose con los once hacia la falda occidental del Monte de los Olivos. Al cruzar las atestadas calles de Jerusalén, muchos vecinos lo reconocen. Poco después de las 7 horas, el Resucitado y los íntimos, se detienen a medio camino de la cima. Jesús pronuncia sus últimas palabras en la Tierra “…El hombre es un hijo de Dios y todos, por tanto, sois hermanos…”

El Resucitado se despide y desaparece. Duración: una hora y veinte minutos.

El primer cisma:

Si esto fue así, salta a la vista que muchas de estas apariciones no fueron del agrado de la primitiva y naciente Iglesia. Pedro, como líder, no consintió que aquel “triunfo” (la resurrección del Maestro) se le fuera de las manos. ¿Igualar a judíos con gentiles? ¿Situar a las mujeres al mismo nivel que los varones? ¿Romper las barreras de la esclavitud en beneficio del revolucionario “mensaje” de Jesús? Nada de eso. Y tres de los discípulos –Bartolomé, Tomás y Simón el Zelota- se vieron empujados a salir de Jerusalén. Fue el primer cisma del que nadie habla. Fue el primer desacuerdo grave entre los seguidores del Hijo del Hombre. Bartolomé, Tomás y Simón el Zelota, deseaban predicar la buena nueva: la paternidad de Dios y la correspondiente igualdad entre los humanos. Ése era el mensaje del Maestro. Pero la mayoría votó en contra y el mensaje fue enterrado. Y así continua…