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Fuego en la cumbre

Aunque monopolizados por la Iglesia católica, los denominados "milagros" no parecen ser dominio propio de su credo, ni tener un exclusivo origen divino. Ya el Papa Benedicto XIV (1740-1758) admitió la dicotomía entre lo paranormal y lo milagroso; distinción que no siempre se hizo, originando una artificioso mezcla de elementos, que hoy, gracias a la documentación y testimonios conservados, podemos comenzar a esclarecer...
Fragmento de un artículo de Pedro J. Rivas Soria publicado en el núm. 58 de Enigmas.


Jaén, medianoche del sábado 10 de junio del año 1430.

Durante el papado de Martín V (1417-1432) y siendo obispo de Jaén Gonzalo de Zúñiga (1423-1456), se producida un portentoso acontecimiento que, por su antigüedad y características podríamos denominar como "el primer expediente x español". Este hecho, del que el propio rey Felipe II llegó a decir que 'en la materia ninguno llegaba a ser como el milagro de Jaén, que entre los grandes es el mayor', consistió en que ?algunas personas avían visto cerca de la iglesia de san Ildefonso, que es en el arrabal desta dicha ciudad, ciertas visiones maravillosas de ciertas personas que avían aparecido en cierta forma y con mucho resplandor de claridad? (grafía original de los textos).

La ciudad de Jaén, integrada en la corona de Castilla desde su conquista a los musulmanes en 1246, continuaba siendo escenario de escaramuzas entre los nazaritas granadinos y las mesnadas cristianas, que intentaban apoderarse de los últimos baluartes de Al-Andalus. Bajo este clima de intensa fricción militar, algo extraordinario vino a ocurrir la noche del 10 de junio de 1430, en que cuatro personas -dos hombres y sendas mujeres- fueron testigos de una insólita aparición.

Pedro, hijo de Juan Sánchez, morador en el arrabal de San Ildefonso declaró que " ... a ora de media noche y como cuando el reloj da doce oras... vido ir la calle arriba de cara a la dicha iglesia siete personas que parecían omes... iban vestidos de blanco y las vestiduras cumplidas hasta los pies; y que vido hasta otras veinte personas vestidos eso mismo de blanco hasta los pies..." Continúa su declaración diciendo que también "... iba una dueña más alta que las otras personas, vestida de ropas blancas, y llevaba una falda tan grande como dos brazadas y media o tres... no le vido la cara, pero que le pareció que salía de su cara tanto resplandor que alumbraba tanto o más que el sol, que con el resplandor parecían todas las casas de alrededor y aún las texas de los tejados se determinaban así como si fuera medio día y el sol bien resplandeciente; tanto era el resplandor que le quitaba la vista de los ojos así como si mirara de hito en hito en el sol... Tras ésta, afirmó el primer testigo, seguía una extraña procesión de hasta 400 acólitos de blanco, cien de ellos armados: " ... en las espaldas de parte de fuera de la dicha capilla que viera aparejado un grande altar tan alto como una lanza y que relumbraba mucho... y con paramentos toda la pared en somo dellos blancos y dellos colorados; y que vido que cantaban a alta voz hasta veinte personas vestidos eso mismo de blanco, y que las voces parecía flacas como suelen tener los enfermos desque se levantan de la dolencia, y que este testigo no vido la cara de ninguna de aquellas personas, pero que en altar no vido persona alguna de manera de clérigo vestido..."

Finaliza su interesantísimo testimonio (que por razones obvias de espacio hemos de resumir) manifestando que "... cuando venía esta gente oyó que venían muchos perros ladrando en pos dellos... y que cuando fue de día claro que vino a ver si aquella gente si avía hecho fuelliga o rastro alguno y que no halló fuelliga ninguna...".

Juan, hijo de Usanda Gómez, segundo de los privilegiados testigos, fue preguntado por su inusual color de cara:

¿Cómo estás así tan amarillo?

"De el miedo de anoche". Del mismo modo, describió la insólita procesión: " ... daba claridad como de candela, y que pensó que era de día... Además, ésta "lo escalentó, aunque no tanto como el sol". María Sánchez, mujer del pastor Pero Hernández, como los anteriores, y a requerimiento del tribunal eclesiástico, formado a la sazón por el Vicario general del Obispado Juan Rodríguez de Villalpando y los notarios y escribanos públicos, dijo ver la fuerte luminiscencia, a la misteriosa dueña, "... y que después de ella pasada que tanta claridad daba en las dichas sus casas como de antes cuando ella pasaba... y dixo esta firma que a la sazón que oyó como canto, pero que no le parecía el canto según deste mundo, y que en lo oír ovo mucho gasajado y consolación'.

Juana Hernández, mujer de Aparicio Martínez, fue la última persona que, según sus palabras, "vido súpito un resplandor grande acerca de las espaldas de la capilla de la iglesia de Sant Ildefonso, y que imaginó en sí luego que era relámpago, y que deliberó que no seria relámpago por cuanto era grande y muy resplandeciente la claridad y que era continua aquella... y que comenzó a estremecer toda". Así hubieron de acontecer aquellos sucesos según estas informaciones recabadas "En la muy noble ciudad de Jaén, martes trece días del mes de junio año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil y cuatrocientos y treinta años...

El documento original, pergamino de 40.5 por 61 cm, escrito a dos columnas en letra cortesana y en castellano, fue autenticado en 1944 por Miguel Gómez del Campillo y Eugenio Sarrablo Aguareles, Director y Secretario respectivos del Archivo Histórico Nacional, bajo el veredicto de "documento auténtico y coetáneo a su fecha, sin haber encontrado detalle alguno sospechoso".

Hemos de decir, para completar la exposición del mismo, que tres de los testigos afirmaron que "esta dueña llevaba en los brazos una criatura pequeña eso mismo vestida de blanco", mientras que Juana Hernández afirmó: "parecía que traía la dicha dueña en los brazos ante sus pechos un bulto que no pudo determinar que cosa sería, y que le pareció que de su faz della y de aquel bulto salía aquel resplandor'.

De igual modo, ninguno de ellos atribuyó la extraordinaria visión a la Virgen María, salvo María Sánchez, quien la identificó al describirla con una imagen de "sancta María, según está figurada en el altar de la dicha iglesia".

la critica a los sucesos de 1430 llegó en el siglo XVIII de la mano de un importante ilustrado y a la vez miembro del cabildo catedralicio, el deán José Martínez de Mazas. Para éste, "los testigos se hallan poco calificados, están varios, singulares y aún contratos en muchas cosas ...no viendo "razón y motivo para que la reina Soberana de los Ángeles hiciese aquel paseo tan extraordinario..."

La contra réplica vendrá ya en el XIX, por parte de dos sacerdotes que atacaron con dureza al deán Mazas con sermones muy significativos: "Vieron venir el auxilio de lo alto, sobre sus casas, sobre su templo, la Virgen sentada en trono de plata iluminando con luz de glosa los muros de la ciudad, bajando de los cielos. Lejos de entrar en averiguaciones que a nada bueno conducen, porque no es expediente, como dice el más grave de nuestros historiadores, con semejantes disputas y pleitos alterar las devociones del pueblo... esta fe iluminada con la luz que baja de las alturas por invisibles canales..." Resulta cuando menos dudoso que estas palabras fueran pronunciadas por el canónigo Muñoz Garnica en 1853, uno de los hombres más enigmáticos que han rodeado la historia de la catedral de la ciudad, y que según narran las crónicas, anduvo buscando en los laberínticos corredores catedralicios documentos que atestiguaran la presencia en la capital jienense de la mítica mesa de Salomón. Al igual que ocurriera con sus predecesores, se enriqueció con extraña rapidez. En fin, que lo suyo era investigar sin cesar...

Pero hubo más comentados a favor: "Yo no sé por qué ciertos críticos pretenden arrancar del corazón cristiano esas venerandas tradiciones, sometiéndolas al examen exclusivo de una razón descreída, como si ésta fuera juez competente para conocer en hechos que pertenecen a un mundo sobrenatural...". (Rodríguez de Gálvez, 1883).

Corno conclusión para este singular episodio, llama poderosamente la atención observar que cuando se hace referencia a la aparición de la Virgen, se obvia precisamente eso, que se trate, como en otros tantos casos, de una aparición, catalogándose de descenso. Esto es importante, ya que la supuesta comitiva divina no se manifestó de repente, sino que fue observada por espacio prolongado de tiempo y bajando en forma de luces de los cielos. ¿Acaso este aspecto no recuerda a los modernos ovnis de hoy en día?

05/10/2000
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